miércoles, 29 de marzo de 2017

La lista blanca.

Hace ya mucho rato que, mi musa, sentada a horcajadas sobre mis hombros, a modo de silla, y tamborileando pacientemente con sus dedos sobre mi cabeza, a modo de mesa (de alcornoque macizo) espera impaciente a que me siente frente al ordenador, por segunda vez consecutiva este mismo mes y escriba "otra brillante historia" que merece ser contada. Mientras aguanto el incesante tamborileo, en lo alto de la coronilla, también hago propósito de tratar de usar menos de esas metáforas que tanto me gustan,  cosa que no sé si conseguiré. Y ahí voy:

Esta mañana era como si yo fuera el volcán Krakatoa, rodeado de cientos de barcos de investigación a punto de ser barridos en una tremenda explosión cataclísmica, que iba a oscurecer la tierra y a cambiar el clima durante varios años. Nuestra "gran-apuesta-alemana" estaba a punto de desaparecer, como el volcán de entonces, y ya me veía acudiendo a la policía para evitar dormir en la calle con un niño de dos años y mi mujer, bajo un puente del Spree, por ejemplo.

Acababa de subirme al S-bahn, el tren cercanías alemán, que complementa al glorioso y-sin-apenas-ascensores-U-bahn, el metro vaya, cuando mi musa me interceptó y me metió en el alcornoque en la cabeza la idea de escribir una "lista negra" como el célebre Dr. Cooper (Big Bang Theory) en su disco de 3 1/2. Una lista negra donde iba a volcar toda la frustración y rabia de sabernos estafados, de haber venido a Berlín para ver brotar las hojas en la primavera, literalmente, y volvernos de vacío y con la vida rota. Una lista negra, que se iba a llenar de centros comerciales fraudulentos, con nombre alemán y sede, también, en España. De compañías de-la-luz sin escrupulos, que gobiernan "un-país-del-cono-sur-europeo" y dejan en la calle a personas sin recursos. De bancos que desahucian en favor de "fondos buitre". De medios de comunicación comprados y de políticos que permiten todo esto, como en la república bananera que se ha convertido España, representada, brillantemente, por su monarquía intocable y corrupta.

Tras atender parte de mis obligaciones, a media tarde, me senté lleno de ira, delante de la hoja en blanco de edición de este humilde blog, dispuesto a salpicar de negro veneno la inmaculada "página uno" de esta historia pero, tras muchos intentos, me ví incapaz. No es mi estilo. No he sabido hacerlo. "Da igual, en el fondo" he pensado. Y me he levantado frustrado, buscando mejor una solución a los inminentes problemas que se nos venían encima. 

Y ha sido entre llamada y llamada. Entre mensaje y mensaje. Entre correo y correo, cuando he puesto, como una de mis últimas balas, un mensaje en un grupo de facebook llamado "Das Ist Berlín (Españoles en Berlín)" un mensaje contando, a los otros miembros, lo que nos ha sucedido, sin esperar demasiado, después de tantos días intentando encontrar una ayuda que, ya estaba llegando, pero que no he visto venir.

Las respuestas no se han hecho esperar y, en no muchos minutos, he visto como se llenaba el buzón de entrada del messenger con decenas de solicitudes-de-mensaje, todos ellos cargados de ánimos y cariño de desconocidos. De mensajes de coraje y fuerza de otros padres que, si bien no podían ayudarnos directamente, sí intentaban mantenernos "a flote" tras muchos y agotadores días de no poder descansar. Pero también de ofertas de trabajo, que nos van a poner "a salvo" e incluso de la posibilidad de alquilar un piso, algo muy buscado en la capital alemana.

De pronto he visto que sí había luz. Empezando por "el gran sol" que nos ha intentado guiar, con éxito, estos últimos días, pasando por una constelación familiar que nos ha hecho desconectar, a ratos, hasta los muchos que han gastado algo de su tiempo para decirnos "ánimo", todos ellos, nos han reflotado como una exhalación, sin contar los que nos han ofrecido trabajo, alojamiento... ¡Qué grandes somos cuando queremos! (y podemos).

A pesar de haber respirado, aún hay bastante pelea y esfuerzo. Por delante queda un complicado camino para evitar, que esa serpiente que nos ha arrastrado por todo Berlín, vuelva a aprovecharse de gente vulnerable o necesitada, como lo hemos estado nosotros.

Dar las gracias a todos los que han arrimado el hombro, para los que, como padre, nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento, pase-lo-que-pase y, a todos ellos, les dedico ésta entrada en éste humilde blog.

¡Gracias!