Si mi vida fuera una película o una serie estaríamos en el episodio previo a unos de esos momentos épicos que suelen marcar un momento de máxima audiencia. Uno de esos episodios que mantienen a medio país pegado a la tele, cuya crónica llena todas las charlas cafeteras en los bares, los corrillos en los descansos de las empresas, las crónicas de media tarde en casi cualquier cadena. Si mi vida fuera una serie, el lunes se podría seguir el desarrollo del capítulo en pantalla de cine, con sonido Dolby-Atmos-4D-2000-SuperTope-de-Lo-Mas, ya que las grandes salas, los teatros y los estadios deportivos harían oferta y llenarían sus recintos con lista de espera kilométricas de las que provocan reventas de muchos ceros en las esquinas y en oscuros foros de internet, en las que los poderosos compran todas las entradas de un pabellón para poderlo ver ellos solos, quizá con una reducida corte de pelotas y lameculos. Si el lunes fuera ese capítulo, medio país tendría el-culo-apretao.
Os pongo en situación. Berlín sufre estos días una epidemia de gripe de las guapas. El virus ha repuntado las cifras con brutalidad ayudado por la ola de frío polar que arrasa media Europa. Después de muchos días aguantando el asalto vírico, mi sistema inmunológico se ha visto superado y he caído (heroicamente) y me he visto obligado pues a estar unos días "parado", todo lo que puede estar parado el-padre-de-un-cachorro-de-tres-años, en cualquier caso no he ido a clase.
Hoy he ido notando la mejoría y he previsto que el lunes podré ir a clase, con lo que me he vestido con toda la ropa que había en mi cajón y, tras dejar al peque en la guardería, me he ido "al cole" para preguntar por los ejercicios que se están haciendo.
En la puerta del edificio había unos pocos "valientes" fumando apretados, como una manada de pingüinos, ya que estábamos a varios grados bajo cero y con la sensación térmica más baja que en un ultracogelador industrial. Algún compañero me ha reconocido y me ha salido al paso para preguntarme cómo estoy, pero parecía querer retenerme ya que me cortaba el paso a cada momento.
Tras zafarme y poder seguir mi camino, dos compañeras más que pasaban el recreo en la entrada, a cubierto del frío, han repetido la jugada y me han interceptado. La conversación ha sido breve pero, una vez que no había gran cosa que decir me han seguido reteniendo. Ya he empezado a preguntarme qué ocurre.
Tras hacerles un recorte digno del Gobierno de España en los derechos sociales de los trabajadores he subido al primer piso seguido por ellas. Por el camino algunos se giraban y seguían mi ascenso hacia el aula. Dos de mis profesores me han visto y me han preguntado, intentando hacer que los siguiera, lo que me alejaba del aula, pero tras toser dos o tres vez se han alejado haciéndose cruces como un demócrata que ve venir un camión sin frenos pilotado por el "expresident Puigdemont". La mitad de los profesores están de baja estos días y a los que quedan los meten en una cámara especial a prueba de virus, suspendidos criogénicamente, para que no caigan también víctimas de la gripe y tengan que cerrar y quemar el centro por la peste gripal.
Al fin en el primer piso, donde se encuentra mi aula, me he detenido frente a la escalera, he observado y me han observado. Se ha hecho un intenso silencio. A mi izquierda mi clase, con la puerta abierta y la luz de la pizarra electrónica filtrándose al pasillo. Me he dirigido cauteloso y he cruzado el humbral. Allí habían unos cuantos compañeros en sus sitios, que también han dejado de hablar al verme, se han mirado entre ellos y a continuación han mirado hacia donde debería estar MI SITIO desocupado, ya que no estaba asistiendo a la clase.
Estos días hemos empezado un nivel nuevo, por lo que habían compañeros recién llegados que no me conocen todavía, pero que han adivinado a la primera de qué va la historia. Diez nuevos, nada más y nada menos.
He avanzado en un silencio absoluto hacia el centro del aula. Medio colegio estaba en la puerta, apretujados como sardinas intentando ver lo que ocurría y, desde el centro geográfico de la clase, se ha producido un intenso duelo de miradas con un rival inesperado.
Pausa dramática.
Siete minutos de anuncios.
Música de suspense.
Allí, en mi sitio, en mi silla, en mi mesa, sin pedir permiso y con descaro, un chico con la cabeza rapada, gafas de Dalai Lama y envuelto en una toga color colorante-para-paella-del-mercadona de maestro KungFu, de los que les dan patadas en "los bajos" y no se inmutan, me miraba con descaro. Nos hemos desafiado con tal intensidad que las luces se han fundido, las ventanas han golpeado como empujadas con una ráfaga de viento, el suelo ha temblado y el tráfico, en la calle, se ha detenido. Las alarmas de todo el edificio han saltado.
Lo menos que esperaba era que, "El-Pequeño-Saltamontes" ejecutara un ataque Kung-fu preventido y sorpresivo, tirando de tópico, pero se ha mantenido impasible esperando mi movimiento. Despacio, para no provocar una batalla catastrófica para los presentes me he dirigido a mi compañera de pupitre, he extendido la mano, ha puesto el libro abierto por la página que vamos y tras un rápido vistazo le he devuelto el libro para dirigirme a la puerta retrocediendo, sin perder de vista al okupa que el lunes deberá pagar su atrevimiento.
Al salir del aula todos parecen haber respirado de nuevo y poco a poco han vuelto a hablar entre ellos. Los corrillos han desviado su atención y yo he salido del centro observado por cientos de compañeros que saben, que el próximo lunes se librará la batalla final por la soberanía del pupitre que preside el aula.
viernes, 2 de marzo de 2018
miércoles, 14 de febrero de 2018
Vigilados (II)
Es, quizá, mi tercera entrada en un año. También desde Alemania, donde seguimos intentando remontar la historia donde nos metimos hace algún tiempo y que estamos consiguiendo enmendar con cierta dignidad.
Fruto de este batacazo, y a pesar de este enorme bloqueo que he sufrido en mi creatividad, por un lado, y el frenético rítmo que llevamos desde que estamos en Berlín, de vez en cuando encuentro alguna grieta en mi realidad espacio-temporal y me puedo releer alguna de las viejas historias que figuran en el archivo de este blog, provocando un propósito de enmienda que no siempre encuentra el "eco" de mi musa a la hora de sentarme a escribir. Bien. Hace unas semanas me vino a la cabeza cierto "incidente" con un potito de la merienda de mi hijo, en un lugar muy concurrido como es la estación de cercanías de Plaza Catalunya, en Barcelona. Mi peque apenas había cumplido el año y, tras la última cucharada de su merienda, la "ejectó" por completo y a traición, sin aviso previo, para verme desbordado por tal repentino acontecimiento. Para más datos, consultar el enlace.
Aquel día comencé a sospechar que existe una organización secreta de madres que vigilan a los papás-con-niños, cuando la madre "titular" no se puede encontrar al mando de estas situaciones. Hoy lo he confirmado y he descubierto que, dicha organización, es internacional.
Desde hace tiempo vengo notando que, cuando voy desde la guardería de mi retoño hasta casa, siempre hay ojos que vigilan cada pequeño incidente que ocurre en el camino; Si el peluche-mascota-favorito se cae al suelo, (casi) siempre hay una mano femenina que lo alcanza antes de que yo pueda hacerlo. Si se pone a llorar por cualquier cosa, una señora, desde una prudencial distancia, le hace una mueca al niño y este empieza a reirse. Si él estornuda, expulsando elegantemente el contenido nasal, y yo no sé exactamente en qué bolsillo llevo los cleenex, siempre hay una alemana que sale al quite y me tiende un pañuelo en una fracción de segundo. Es sospechoso, pero no concluyente.
Hoy, tras salir de la guardería, mi hijo ha aplicado el concepto de "guerra relámpago" a la mayor rabieta que ha tenido hasta ahora, llegando como un tsunami y junto a una parada de tranvía, para maximizar el impacto vergonzante por el gran número de expectadores presentes. Hubo un par de momentos en que creí que la policía me iba a detener con el cargo de secuestro infantil, aunque finalmente, "die Polizei" no se ha personado.
Andábamos tranquilamente hacia la parada del tren cercanías, por primera vez sin el carrito que ha sido sustituido por su bicicleta, cuando "el peque" ha levantado la mirada siniestramente y ha dicho, (en su idioma) el equivalente a "galleta", sin pensarlo, le he dicho un "ahora no, que vas en bici" lo que ha sido el detonante. En menos de lo que un avión pasa a velocidad supersónica, el niño ha tirado la bici al suelo y él ha hecho lo propio con un berrido que ha conseguido que los presentes se giren. Tras verme atravesado por muchas, muchas miradas, he decidido mantenerme firme y dejar que se revolcara por el suelo a su gusto. No hacía falta asegurarse de que nadie que no lo viera le fuera a pisar, ya que sus gritos equivalían en potencia a los de una alarma de incendios.
Tras unos momentos, los presentes se han vuelto a girar y han continuado con sus vidas. Algunos, se habrán ido al otorrino para comprobar que no tuvieran daños en los tímpanos, pero tres mujeres se han quedado vigilando la escena, "triangulándose" a mi alrededor a modo de apoyo logístico, de lo que en un principio no me he dado cuenta.
Todos los intentos de desviar la atención de mi hijo de su cabreo han sido en vano, por lo que decidí que lo mejor era sentarse a esperar e ignorarlo. Ha sido cuando me he puesto a observar y me he dado cuenta del escenario en que me encontraba: en una ventana, una anciana al teléfono parecía dar instrucciones. La señora más cercana a mi, también con el móvil en la oreja, asentía y miraba a una segunda que parecía entender. La tercera nos miraba alternativamente, primero al niño y luego a mi, mientras escribía algo en una carpeta, que debe ser el informe a "la titular". En un momento dado, el niño, llorando sin control, babeaba y moqueaba como si no hubiera un mañana y, al ir a buscar los cleenex, la de la carpeta se ha acercado con un pañuelo en la mano y ha balbuceado algo como "wutanfall". En ese momento he hecho lo que hace cualquiera que no entiende del todo el idioma, he asentido y he sonreído, esperando que no fuera un "mal padre" o algo del estilo.
En un momento dado la rabieta ha pasado. Sin mediar palabra, cosa que no suele hacer, ya que apenas habla, el peque se ha levantado y aun con ganas de juega hemos empezado a andar, yo he respirado aliviado de alejarnos de la parada del tranvía, pero entonces, en medio de la carretera, ha repetido la escena.
Tras sacarle de enmedio de la calzada y viendo que mi actitud en "el primer acto" ha sido el adecuado y solo tenía que aguantar, me he vueto a sentar y he seguido observando, esta vez con el móvil en la mano. La abuela, desde su atalaya seguía observando, pero las tres "rescatistas" ya no estaban. En lugar de eso ha salido una señora de un local y ha intercambiado miradas conmigo, a mi me ha dado la impresión de que me decía "no cedas que se pasa" con una medio sonrisa de entendimiento. Tras unos momentos en que el nuevo brote ha ido pasando, se ha hecho el silencio, aún con el niño en el suelo, que debía estar pensando "maldición, no funciona" de nuevo la señora de la carpeta ha pasado por la acera de enfrente para cerrar el informe del incidente.
Como si no hubiera pasado nada, me he encontrado al niño sobre la bici, me ha mirado y ha dicho "vamos". De camino a la estación me he quedado pensando en el tema, atando cabos, y me he dado cuenta de que, en Alemania, también los padres estamos vigilados.
Fruto de este batacazo, y a pesar de este enorme bloqueo que he sufrido en mi creatividad, por un lado, y el frenético rítmo que llevamos desde que estamos en Berlín, de vez en cuando encuentro alguna grieta en mi realidad espacio-temporal y me puedo releer alguna de las viejas historias que figuran en el archivo de este blog, provocando un propósito de enmienda que no siempre encuentra el "eco" de mi musa a la hora de sentarme a escribir. Bien. Hace unas semanas me vino a la cabeza cierto "incidente" con un potito de la merienda de mi hijo, en un lugar muy concurrido como es la estación de cercanías de Plaza Catalunya, en Barcelona. Mi peque apenas había cumplido el año y, tras la última cucharada de su merienda, la "ejectó" por completo y a traición, sin aviso previo, para verme desbordado por tal repentino acontecimiento. Para más datos, consultar el enlace.
Aquel día comencé a sospechar que existe una organización secreta de madres que vigilan a los papás-con-niños, cuando la madre "titular" no se puede encontrar al mando de estas situaciones. Hoy lo he confirmado y he descubierto que, dicha organización, es internacional.
Desde hace tiempo vengo notando que, cuando voy desde la guardería de mi retoño hasta casa, siempre hay ojos que vigilan cada pequeño incidente que ocurre en el camino; Si el peluche-mascota-favorito se cae al suelo, (casi) siempre hay una mano femenina que lo alcanza antes de que yo pueda hacerlo. Si se pone a llorar por cualquier cosa, una señora, desde una prudencial distancia, le hace una mueca al niño y este empieza a reirse. Si él estornuda, expulsando elegantemente el contenido nasal, y yo no sé exactamente en qué bolsillo llevo los cleenex, siempre hay una alemana que sale al quite y me tiende un pañuelo en una fracción de segundo. Es sospechoso, pero no concluyente.
Hoy, tras salir de la guardería, mi hijo ha aplicado el concepto de "guerra relámpago" a la mayor rabieta que ha tenido hasta ahora, llegando como un tsunami y junto a una parada de tranvía, para maximizar el impacto vergonzante por el gran número de expectadores presentes. Hubo un par de momentos en que creí que la policía me iba a detener con el cargo de secuestro infantil, aunque finalmente, "die Polizei" no se ha personado.
Andábamos tranquilamente hacia la parada del tren cercanías, por primera vez sin el carrito que ha sido sustituido por su bicicleta, cuando "el peque" ha levantado la mirada siniestramente y ha dicho, (en su idioma) el equivalente a "galleta", sin pensarlo, le he dicho un "ahora no, que vas en bici" lo que ha sido el detonante. En menos de lo que un avión pasa a velocidad supersónica, el niño ha tirado la bici al suelo y él ha hecho lo propio con un berrido que ha conseguido que los presentes se giren. Tras verme atravesado por muchas, muchas miradas, he decidido mantenerme firme y dejar que se revolcara por el suelo a su gusto. No hacía falta asegurarse de que nadie que no lo viera le fuera a pisar, ya que sus gritos equivalían en potencia a los de una alarma de incendios.
Tras unos momentos, los presentes se han vuelto a girar y han continuado con sus vidas. Algunos, se habrán ido al otorrino para comprobar que no tuvieran daños en los tímpanos, pero tres mujeres se han quedado vigilando la escena, "triangulándose" a mi alrededor a modo de apoyo logístico, de lo que en un principio no me he dado cuenta.
Todos los intentos de desviar la atención de mi hijo de su cabreo han sido en vano, por lo que decidí que lo mejor era sentarse a esperar e ignorarlo. Ha sido cuando me he puesto a observar y me he dado cuenta del escenario en que me encontraba: en una ventana, una anciana al teléfono parecía dar instrucciones. La señora más cercana a mi, también con el móvil en la oreja, asentía y miraba a una segunda que parecía entender. La tercera nos miraba alternativamente, primero al niño y luego a mi, mientras escribía algo en una carpeta, que debe ser el informe a "la titular". En un momento dado, el niño, llorando sin control, babeaba y moqueaba como si no hubiera un mañana y, al ir a buscar los cleenex, la de la carpeta se ha acercado con un pañuelo en la mano y ha balbuceado algo como "wutanfall". En ese momento he hecho lo que hace cualquiera que no entiende del todo el idioma, he asentido y he sonreído, esperando que no fuera un "mal padre" o algo del estilo.
En un momento dado la rabieta ha pasado. Sin mediar palabra, cosa que no suele hacer, ya que apenas habla, el peque se ha levantado y aun con ganas de juega hemos empezado a andar, yo he respirado aliviado de alejarnos de la parada del tranvía, pero entonces, en medio de la carretera, ha repetido la escena.
Tras sacarle de enmedio de la calzada y viendo que mi actitud en "el primer acto" ha sido el adecuado y solo tenía que aguantar, me he vueto a sentar y he seguido observando, esta vez con el móvil en la mano. La abuela, desde su atalaya seguía observando, pero las tres "rescatistas" ya no estaban. En lugar de eso ha salido una señora de un local y ha intercambiado miradas conmigo, a mi me ha dado la impresión de que me decía "no cedas que se pasa" con una medio sonrisa de entendimiento. Tras unos momentos en que el nuevo brote ha ido pasando, se ha hecho el silencio, aún con el niño en el suelo, que debía estar pensando "maldición, no funciona" de nuevo la señora de la carpeta ha pasado por la acera de enfrente para cerrar el informe del incidente.
Como si no hubiera pasado nada, me he encontrado al niño sobre la bici, me ha mirado y ha dicho "vamos". De camino a la estación me he quedado pensando en el tema, atando cabos, y me he dado cuenta de que, en Alemania, también los padres estamos vigilados.
miércoles, 29 de marzo de 2017
La lista blanca.
Hace ya mucho rato que, mi musa, sentada a horcajadas sobre mis hombros, a modo de silla, y tamborileando pacientemente con sus dedos sobre mi cabeza, a modo de mesa (de alcornoque macizo) espera impaciente a que me siente frente al ordenador, por segunda vez consecutiva este mismo mes y escriba "otra brillante historia" que merece ser contada. Mientras aguanto el incesante tamborileo, en lo alto de la coronilla, también hago propósito de tratar de usar menos de esas metáforas que tanto me gustan, cosa que no sé si conseguiré. Y ahí voy:
Esta mañana era como si yo fuera el volcán Krakatoa, rodeado de cientos de barcos de investigación a punto de ser barridos en una tremenda explosión cataclísmica, que iba a oscurecer la tierra y a cambiar el clima durante varios años. Nuestra "gran-apuesta-alemana" estaba a punto de desaparecer, como el volcán de entonces, y ya me veía acudiendo a la policía para evitar dormir en la calle con un niño de dos años y mi mujer, bajo un puente del Spree, por ejemplo.
Acababa de subirme al S-bahn, el tren cercanías alemán, que complementa al glorioso y-sin-apenas-ascensores-U-bahn, el metro vaya, cuando mi musa me interceptó y me metió enel alcornoque en la cabeza la idea de escribir una "lista negra" como el célebre Dr. Cooper (Big Bang Theory) en su disco de 3 1/2. Una lista negra donde iba a volcar toda la frustración y rabia de sabernos estafados, de haber venido a Berlín para ver brotar las hojas en la primavera, literalmente, y volvernos de vacío y con la vida rota. Una lista negra, que se iba a llenar de centros comerciales fraudulentos, con nombre alemán y sede, también, en España. De compañías de-la-luz sin escrupulos, que gobiernan "un-país-del-cono-sur-europeo" y dejan en la calle a personas sin recursos. De bancos que desahucian en favor de "fondos buitre". De medios de comunicación comprados y de políticos que permiten todo esto, como en la república bananera que se ha convertido España, representada, brillantemente, por su monarquía intocable y corrupta.
Tras atender parte de mis obligaciones, a media tarde, me senté lleno de ira, delante de la hoja en blanco de edición de este humilde blog, dispuesto a salpicar de negro veneno la inmaculada "página uno" de esta historia pero, tras muchos intentos, me ví incapaz. No es mi estilo. No he sabido hacerlo. "Da igual, en el fondo" he pensado. Y me he levantado frustrado, buscando mejor una solución a los inminentes problemas que se nos venían encima.
Y ha sido entre llamada y llamada. Entre mensaje y mensaje. Entre correo y correo, cuando he puesto, como una de mis últimas balas, un mensaje en un grupo de facebook llamado "Das Ist Berlín (Españoles en Berlín)" un mensaje contando, a los otros miembros, lo que nos ha sucedido, sin esperar demasiado, después de tantos días intentando encontrar una ayuda que, ya estaba llegando, pero que no he visto venir.
Las respuestas no se han hecho esperar y, en no muchos minutos, he visto como se llenaba el buzón de entrada del messenger con decenas de solicitudes-de-mensaje, todos ellos cargados de ánimos y cariño de desconocidos. De mensajes de coraje y fuerza de otros padres que, si bien no podían ayudarnos directamente, sí intentaban mantenernos "a flote" tras muchos y agotadores días de no poder descansar. Pero también de ofertas de trabajo, que nos van a poner "a salvo" e incluso de la posibilidad de alquilar un piso, algo muy buscado en la capital alemana.
De pronto he visto que sí había luz. Empezando por "el gran sol" que nos ha intentado guiar, con éxito, estos últimos días, pasando por una constelación familiar que nos ha hecho desconectar, a ratos, hasta los muchos que han gastado algo de su tiempo para decirnos "ánimo", todos ellos, nos han reflotado como una exhalación, sin contar los que nos han ofrecido trabajo, alojamiento... ¡Qué grandes somos cuando queremos! (y podemos).
A pesar de haber respirado, aún hay bastante pelea y esfuerzo. Por delante queda un complicado camino para evitar, que esa serpiente que nos ha arrastrado por todo Berlín, vuelva a aprovecharse de gente vulnerable o necesitada, como lo hemos estado nosotros.
Dar las gracias a todos los que han arrimado el hombro, para los que, como padre, nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento, pase-lo-que-pase y, a todos ellos, les dedico ésta entrada en éste humilde blog.
¡Gracias!
Esta mañana era como si yo fuera el volcán Krakatoa, rodeado de cientos de barcos de investigación a punto de ser barridos en una tremenda explosión cataclísmica, que iba a oscurecer la tierra y a cambiar el clima durante varios años. Nuestra "gran-apuesta-alemana" estaba a punto de desaparecer, como el volcán de entonces, y ya me veía acudiendo a la policía para evitar dormir en la calle con un niño de dos años y mi mujer, bajo un puente del Spree, por ejemplo.
Acababa de subirme al S-bahn, el tren cercanías alemán, que complementa al glorioso y-sin-apenas-ascensores-U-bahn, el metro vaya, cuando mi musa me interceptó y me metió en
Tras atender parte de mis obligaciones, a media tarde, me senté lleno de ira, delante de la hoja en blanco de edición de este humilde blog, dispuesto a salpicar de negro veneno la inmaculada "página uno" de esta historia pero, tras muchos intentos, me ví incapaz. No es mi estilo. No he sabido hacerlo. "Da igual, en el fondo" he pensado. Y me he levantado frustrado, buscando mejor una solución a los inminentes problemas que se nos venían encima.
Y ha sido entre llamada y llamada. Entre mensaje y mensaje. Entre correo y correo, cuando he puesto, como una de mis últimas balas, un mensaje en un grupo de facebook llamado "Das Ist Berlín (Españoles en Berlín)" un mensaje contando, a los otros miembros, lo que nos ha sucedido, sin esperar demasiado, después de tantos días intentando encontrar una ayuda que, ya estaba llegando, pero que no he visto venir.
Las respuestas no se han hecho esperar y, en no muchos minutos, he visto como se llenaba el buzón de entrada del messenger con decenas de solicitudes-de-mensaje, todos ellos cargados de ánimos y cariño de desconocidos. De mensajes de coraje y fuerza de otros padres que, si bien no podían ayudarnos directamente, sí intentaban mantenernos "a flote" tras muchos y agotadores días de no poder descansar. Pero también de ofertas de trabajo, que nos van a poner "a salvo" e incluso de la posibilidad de alquilar un piso, algo muy buscado en la capital alemana.
De pronto he visto que sí había luz. Empezando por "el gran sol" que nos ha intentado guiar, con éxito, estos últimos días, pasando por una constelación familiar que nos ha hecho desconectar, a ratos, hasta los muchos que han gastado algo de su tiempo para decirnos "ánimo", todos ellos, nos han reflotado como una exhalación, sin contar los que nos han ofrecido trabajo, alojamiento... ¡Qué grandes somos cuando queremos! (y podemos).
A pesar de haber respirado, aún hay bastante pelea y esfuerzo. Por delante queda un complicado camino para evitar, que esa serpiente que nos ha arrastrado por todo Berlín, vuelva a aprovecharse de gente vulnerable o necesitada, como lo hemos estado nosotros.
Dar las gracias a todos los que han arrimado el hombro, para los que, como padre, nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento, pase-lo-que-pase y, a todos ellos, les dedico ésta entrada en éste humilde blog.
¡Gracias!
martes, 21 de marzo de 2017
Regreso al futuro.
Los que me conocen bien saben que, durante un tiempo, estuve tan involucrado en el desarrollo del voleibol murciano que, a mi instituto, llegaban por correo sobres a mi nombre, con entradas para los partidos del Club Voleibol Murcia (subcampeonas de Europa, categoría absoluta) para repartir entre los alumnos del propio instituto y de las varias ligas a las que estaba implicado, como jugador y entrenador. Se podría decir que casi tenía las llaves del pabellón Príncipe de Asturias, cancha oficial de los partidos de más alto nivel, pero si no las llaves, libre acceso, jugara quién jugara, entrenara quién entrenara. Los empleados de la instalación me conocían por mi nombre y me dejaban moverme a mi antojo.
Así pude entrar en todos los entramientos que desee del Club Voleibol Murcia, antes de su desaparición, conocer a jugadoras profesionales, entrenar en un par de ocasiones, charlar largo y tendido con el seleccionador nacional del equipo masculino en algún partido en la ciudad y hacerme fotos con los grandes del "volei" nacional; Rafa Pascual, los hermanos Jover e incluso, hacer de "sparrings" a la selección nacional. Quizá mi "momento cumbre" en este deporte, fue cuando conseguí bloquear en un cara-a-cara al gran Rafa Pascual (mejor jugador del mundo en 1998) en uno de esos entrenamientos, sin saber, que veinte años después, volvería a ese preciso momento.
Ni siquiera mi "reinicio quirúrgico" consiguió borrar tan insigne momento en el que, Don Rafael, se elevaba por encima de la línea de ataque, con las rodillas dobladas y el brazo armado, y remataba sin piedad sobre dos adolescentes que trataban de interponerse entre el jugador profesional y el punto, con los brazos arriba, consiguiendo bloquear el remate. Aún puedo sentir el balón golpeando mi mano derecha y cayendo hasta el parquet, puedo recordar el orgullo que me llenó ante tan tremenda azaña, aquella sensación de invencibilidad. En aquel momento pensé incluso, me convocarían un día para jugar con la camiseta de España, cosa que nunca pasó.
Han pasado más de veinte años de todo aquello y, en los últimos tiempos, lo más cerca que he estado del voleibol, ha sido en una pachanga sin gloria, rítmo ni continuidad, en la playa del Bogatell, en Barcelona, un par de sábados de octubre, el año pasado. Desde entonces, por circunstancias, me deshice de mi mountain bike, que tantas horas de gozo me dió, dejé por un tiempo cualquier actividad deportiva y me mudé a la enorme ciudad de Berlín, con la esperanza de encontrar un futuro más halagüeno para nuestro retoño.
Desde que llegamos, han sido dos meses largos de crudo invierno alemán. Dos meses de no realizar absolutamente ninguna actividad deportiva sumados a los que ya llevaba de antes, cosa que siempre han sido mi "regulador-de-stress", relajante muscular y proveedor de noches de sueño profundo, ante una realidad que no ha resultado nada cómoda en los últimos tiempos.
Ya no podía más. Ante mis frustrados intentos de adquirir una montura con la que desahogarme, pero que descarté por no conocer rutas de provecho, en la enormidad de la capital alemana, el no apuntarme a gimnasios en los que se exige una permanencia mínima de un año y el no poder, símplemente trotar por la calle, fruto de mis "rodillas de saltador", organicé un partido de voley entre aficionados por medio de una red social. En el momento de saber que dicho partido salía adelante no noté nada especial pero, conforme me acercaba al lugar donde íbamos a jugar, recuerdos enterrados en mi (mala) memoria, brotaron como agua de una fuente.
Me hice con unas rodilleras básicas y me enfundé en la poca ropa deportiva que me he traído a Alemania y, de esa guisa, me planté en un discreto pabellón de la zona oeste de Berlín, un frío y lluvioso domingo.
Los jugadores poco a poco comenzaron a llegar, con ellos, los primeros contactos con el balón y las primeras buenas sensaciones. El-que-tuvo-retuvo, dicen. Aunque muy oxidado, me noté cómodo, hice algunas buenas recepciones, algunos buenos remates y otras buenas jugadas. Aunque no faltaron pifias dignas de un novato; balón a la cara, al escurrirse entre los dedos, al colocar, o recepcionar descolocado, mandar el balón "a-las-quimbambas" y caer como un muñeco roto o, un clásico, enviar el balón, varias veces contra el techo, como si intentara ponerlo en la órbita de Marte.
En todas aquellas ocasiones "veía" a alguno de mis entrenadores gritándome "¡Vas a pasarte la tarde dando vueltas a la pista!" "Mi hija de cinco años lo hace mejor que vosotros" o, el de uno de los últimos, argentino, "Armador, ¿para donde carajo mandás la bola? ¿Querés decirme? ¡Me estás aguando el mate!" La verdad es que nunca entendí del todo a este último.
En los primeros sets equilibramos el partido cambiando jugadores y, de pronto, me ví rodeado de alemanes, en un cinco-para-cinco, España vs. Alemania. Curioso, al final, jugué un partido internacional "representando" a otro país. Sin uniformes ni himnos, comenzamos lo serio, a una intensidad inesperada.
Los lances del partido se sucedían y, en uno de ellos, me vi en un cara-a-cara con otro jugador, que se levantaba, como años atrás, lo hacía Rafa Pascual. Dejé de pensar y el instinto tomó el mando. Salí de mi posición de colocador, corrí hasta la posición del remate, doblé las rodillas, estiré los brazos y salté todo lo que, mi casi cuarentona anatomía, me permitió. Alcancé la altura máxima de mi vuelo al tiempo que mi rival golpeaba la bola, que salió disparada hacia delante. Estiré las palmas de las manos todo lo que pude, doblé las muñecas y la bola impactó en los antebrazos, seguí la trayectoria del balón mientras caía, al tiempo que lo hacía yo. No hubo apoyo, no hubo nadie que levantara la bola y el balón tocó el suelo.
Me hubiera girado como el rayo y golpeado el pecho varias veces. Hubiera chocado las manos, sonriente con mis compañeros, pero aquellos eran fríos y disciplinados alemanes, y salvo algún gesto de "mu´bien chaval" el partido continuaba.
Allí nadie fué consciente, pero en ese momento mi figura se estilizó, se me estiró la piel, desaparecieron mis canas y, gritos y vítores, llegaron desde la grada ... en aquel bloqueo, viajé veinte años atrás, y me interpuse, de forma inapelable, al "gran-y-poderoso" Rafael Pascual.
Así pude entrar en todos los entramientos que desee del Club Voleibol Murcia, antes de su desaparición, conocer a jugadoras profesionales, entrenar en un par de ocasiones, charlar largo y tendido con el seleccionador nacional del equipo masculino en algún partido en la ciudad y hacerme fotos con los grandes del "volei" nacional; Rafa Pascual, los hermanos Jover e incluso, hacer de "sparrings" a la selección nacional. Quizá mi "momento cumbre" en este deporte, fue cuando conseguí bloquear en un cara-a-cara al gran Rafa Pascual (mejor jugador del mundo en 1998) en uno de esos entrenamientos, sin saber, que veinte años después, volvería a ese preciso momento.
Ni siquiera mi "reinicio quirúrgico" consiguió borrar tan insigne momento en el que, Don Rafael, se elevaba por encima de la línea de ataque, con las rodillas dobladas y el brazo armado, y remataba sin piedad sobre dos adolescentes que trataban de interponerse entre el jugador profesional y el punto, con los brazos arriba, consiguiendo bloquear el remate. Aún puedo sentir el balón golpeando mi mano derecha y cayendo hasta el parquet, puedo recordar el orgullo que me llenó ante tan tremenda azaña, aquella sensación de invencibilidad. En aquel momento pensé incluso, me convocarían un día para jugar con la camiseta de España, cosa que nunca pasó.
Han pasado más de veinte años de todo aquello y, en los últimos tiempos, lo más cerca que he estado del voleibol, ha sido en una pachanga sin gloria, rítmo ni continuidad, en la playa del Bogatell, en Barcelona, un par de sábados de octubre, el año pasado. Desde entonces, por circunstancias, me deshice de mi mountain bike, que tantas horas de gozo me dió, dejé por un tiempo cualquier actividad deportiva y me mudé a la enorme ciudad de Berlín, con la esperanza de encontrar un futuro más halagüeno para nuestro retoño.
Desde que llegamos, han sido dos meses largos de crudo invierno alemán. Dos meses de no realizar absolutamente ninguna actividad deportiva sumados a los que ya llevaba de antes, cosa que siempre han sido mi "regulador-de-stress", relajante muscular y proveedor de noches de sueño profundo, ante una realidad que no ha resultado nada cómoda en los últimos tiempos.
Ya no podía más. Ante mis frustrados intentos de adquirir una montura con la que desahogarme, pero que descarté por no conocer rutas de provecho, en la enormidad de la capital alemana, el no apuntarme a gimnasios en los que se exige una permanencia mínima de un año y el no poder, símplemente trotar por la calle, fruto de mis "rodillas de saltador", organicé un partido de voley entre aficionados por medio de una red social. En el momento de saber que dicho partido salía adelante no noté nada especial pero, conforme me acercaba al lugar donde íbamos a jugar, recuerdos enterrados en mi (mala) memoria, brotaron como agua de una fuente.
Me hice con unas rodilleras básicas y me enfundé en la poca ropa deportiva que me he traído a Alemania y, de esa guisa, me planté en un discreto pabellón de la zona oeste de Berlín, un frío y lluvioso domingo.
Los jugadores poco a poco comenzaron a llegar, con ellos, los primeros contactos con el balón y las primeras buenas sensaciones. El-que-tuvo-retuvo, dicen. Aunque muy oxidado, me noté cómodo, hice algunas buenas recepciones, algunos buenos remates y otras buenas jugadas. Aunque no faltaron pifias dignas de un novato; balón a la cara, al escurrirse entre los dedos, al colocar, o recepcionar descolocado, mandar el balón "a-las-quimbambas" y caer como un muñeco roto o, un clásico, enviar el balón, varias veces contra el techo, como si intentara ponerlo en la órbita de Marte.
En todas aquellas ocasiones "veía" a alguno de mis entrenadores gritándome "¡Vas a pasarte la tarde dando vueltas a la pista!" "Mi hija de cinco años lo hace mejor que vosotros" o, el de uno de los últimos, argentino, "Armador, ¿para donde carajo mandás la bola? ¿Querés decirme? ¡Me estás aguando el mate!" La verdad es que nunca entendí del todo a este último.
En los primeros sets equilibramos el partido cambiando jugadores y, de pronto, me ví rodeado de alemanes, en un cinco-para-cinco, España vs. Alemania. Curioso, al final, jugué un partido internacional "representando" a otro país. Sin uniformes ni himnos, comenzamos lo serio, a una intensidad inesperada.
Los lances del partido se sucedían y, en uno de ellos, me vi en un cara-a-cara con otro jugador, que se levantaba, como años atrás, lo hacía Rafa Pascual. Dejé de pensar y el instinto tomó el mando. Salí de mi posición de colocador, corrí hasta la posición del remate, doblé las rodillas, estiré los brazos y salté todo lo que, mi casi cuarentona anatomía, me permitió. Alcancé la altura máxima de mi vuelo al tiempo que mi rival golpeaba la bola, que salió disparada hacia delante. Estiré las palmas de las manos todo lo que pude, doblé las muñecas y la bola impactó en los antebrazos, seguí la trayectoria del balón mientras caía, al tiempo que lo hacía yo. No hubo apoyo, no hubo nadie que levantara la bola y el balón tocó el suelo.
Me hubiera girado como el rayo y golpeado el pecho varias veces. Hubiera chocado las manos, sonriente con mis compañeros, pero aquellos eran fríos y disciplinados alemanes, y salvo algún gesto de "mu´bien chaval" el partido continuaba.
Allí nadie fué consciente, pero en ese momento mi figura se estilizó, se me estiró la piel, desaparecieron mis canas y, gritos y vítores, llegaron desde la grada ... en aquel bloqueo, viajé veinte años atrás, y me interpuse, de forma inapelable, al "gran-y-poderoso" Rafael Pascual.
domingo, 15 de enero de 2017
Año nuevo, vida nueva
Fué sin duda una
provocación, ejecutada paciente y largamente, a lo largo de varias
semanas en forma de "inocentes" publicaciones en redes
sociales, rumores de charlas ajenas en el tren, tranvía, metro y
demás medios de transporte urbano e, incluso, en consejos llegados
desde las páginas de los más fabulosos e insignes autores de mi
biblioteca particular, que se sumaban al bombardeo al que redujo a
simple polvo mi paciencia, ante la inoperancia de mis esfuerzos por
llegar a la meta tan largamente deseada.
Aquella noche se me
hacía eterna "en-el-parking-pequeño" y, terminadas mis
tareas, me limitaba a cumplir con mi presencia y guardia para
completar mis ocho horas de compromiso laboral, con lo que
chafardeaba cansinamente una red social,
publicación-tras-publicación, hasta que una "meme" mil
veces repetido, mil veces ignorado, con la manida frase "cuidado
con lo que pides, que te te lo pueden conceder" detonó algo en
mi interior que provocó una reacción en cadena, como un edificio
que se viene abajo ante la explosión de varias cargas, colocadas de
forma estratégica en los pilares principales.
"¡Deja de
amenzar y cumple, j*der!" clamé como una Escarlata O´Hara,
recortada contra el cielo vespertino, con la frustración acumulada
del que se ve incapaz de llegar a su meta. ¿Cuanto tiempo llevaba
"pidiendo"? ¿Cuánto tiempo había buscado una
oportunidad? ¿Cuánto tiempo lo llevaba deseando? ¡años! y cada
vez que leía esa frase me sentía molesto, porque, por más que
pedía y trabajaba, y luchaba, y ponía una ilusión infantil y un
infatigable empeño en aquello que quería, no pasaba nada.
Aquella explosión
vocal atronó contra los pilares del parking, removió el aire
estancado del sótano y puso en marcha una sucesión de
acontecimientos que me iban a sacar de mi rutina, de mi trabajo y de
mi adorada Barcelona, tan rápidamente como la anterior
cadena-de-acontecimientos me habían llevado hasta allí, unos años
antes.
Desde mi "reinicio
quirúrgico", cuando se han producido cambios positivos en mi
vida, he recibido una especie de prealerta por el extraño e
inexplicable mecanismo de sueño premonitorio, siempre el mismo,
aunque la redacción de este en el blog me lo guardo para una futura
historia.
Generalmente, cuando
este me asalta, en las siguientes semanas los acontecimientos se van
sucediendo pausada y progresivamente pero, en esta ocasión no ha
sido así. En este caso, esta especie de alerta, se ha repetido a lo
largo de varias noches, sin que pasara nada entre sueño y sueño,
como avisando de algo diferente, y así, un día me ví sentado en la
cama, extrañado ante tanto aviso, susurrando para mí mismo "la
que se va a liar" pero sin llegar a comprender desde donde se
avecinaba el posible tsunami de cambios.
Todo vino por este
lado; mi empeño en sacar un proyecto empresarial adelante, que me ha
llevado a llamar a todas las puertas, portones, ventanas, agujeros y
huecos en los que, he pensado, se podía esconder una oportunidad de
sacarlo adelante, por más improbable que pudiera parecer, por más
tonta que pudiera parecer la idea. Con estos antecedentes, un día,
publiqué un post en un grupo de facebook, en el que llamaba, a
cualquiera que quisiera escucharme, a debatir conmigo la posibilidad
de trasladar mi proyecto a Berlín, como había hecho con otros
muchos lugares buscando sobre todo información que me inspirase
alguna idea innovadora, o tocara la fibra sensible de alguien que se
me quisiera unir a tan titánico esfuerzo.
Así lo he ido
tejiendo hasta ahora. A golpe de leer, indagar, olisquear, imaginar,
esperar... pero a diferencia de muchas otras charlas que no me han
aportado más que un intercambio de información, intrascendente la
mayor parte de las veces, esta trajo a la pestaña de mi buzón de
entrada un círculo rojo, con un "1" blanco en su interior,
que pretendía llamar mi atención, avisándome de que alguien me
había enviado un mensaje privado.
Decenas de lineas de
texto escritas por "messenger", un par de horas de "skype",
una cantidad indeterminada de mensajes por "whatsapp" y mi
estancia en Berlín durante las vacaciones, fueron la mecha que
encendió "la traca final" que ya me ha puesto camino a mi
traslado a la capital alemana, prevista para finales de este mismo
mes.
Al igual que la
llegada de mi retoño casi ha conseguido silenciar el blog, ante mi
falta de tiempo para escribir, espero que este nuevo horizonte a
explorar, nutra de experiencias y anécdotas mi espíritu aventurero,
y me empuje a reflejar, con mi particular estilo, los muchos sucesos
que se me vienen encima, como una ola gigante que rompe la monotonía
del un horizonte sin cambios desde hace casi dos años.
viernes, 7 de octubre de 2016
Diario de un Rodríguez. (I)
Dramatización. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.
Día -5.
25 de septiembre.
17:00h. Ya faltan pocos días para que
mi mujer y mi hijo se vayan de viaje. Me quedaré solo en casa porque
tengo que trabajar pero, aún así, por fín tendré tiempo para
descansar, leer, hacer deporte y salir con los amigos. En resumen
volver a ser "casi" soltero.
Vaya, el niño llora. Hora de la
merienda.
18:15h. Decía. ¡Estoy impaciente!
Creo que podré desempolvar la bicicleta y hacer alguna ruta e,
incluso, podría salir alguna noche y hacer una cerveza por ahí...
ver un partido en un bar, con una cerveza y con un bocadillo
grasiento. Me llama mi mujer, falta pan, ahora vengo.
20:55. Sea como sea, sin normas, sin
horarios. ¡Esto va a ser la fiesta padre! Parece que no va a llegar
el día en que... ¿Otra vez? Voy a acostar al niño.
22:40. En otro momento sigo. Estoy
agotado.
Día -1.
30 de septiembre.
21:00h. Hoy mi mujer está preparando
la maleta, esto es una pesadilla. No encuentra nada, está nerviosa,
necesita de todo. Me ha hecho imprimirle dos veces el billete de
avión, porque el primero salió torcido. Esto es paranoia. Desde
luego no la meterán "en-el-cuartito" por llevar un billete torcido.
Hemos ido a comprar ropa para el niño,
parece que se vaya a ir a la universidad. ¡Pero si solo va a casa de
su madre unos días! ¿De pronto toooooda la ropa que tiene ya no le sirve?
Respira. Mañana serás "libre"
Día 0.
1 de octubre.
12:25h. Acabo de llegar a casa. ¡Qué
paz! Voy a poner la-cosa-de-la-casa en orden, recoger los juguetes
del niño y "hacer mi espacio" para estos días de
libertad, que la mañana fue una locura y parece haber pasado una
manada de ñus, por aquí.
14:15h. Vaya. Me quedé dormido. Se me
ha escapado la mañana y al final no hice nada. Estaba cansado de
estos días, me senté cinco minutos a relajarme y... bueno, no pasa
nada, tengo casi dos semanas. Haré una comida, digna de mís gustos
de "gourmet" y luego me pongo en marcha.
19:20h. Se me han quedado un poco sosos
los macarrones. Después de mirar la despensa un rato me he dicho que
no me apetecía liarme mucho, así que he pillado lo primero que he
visto. He dormido una siesta y me he visto una película, pero, ¡ya
no hay excusa! Tengo que salir o mañana comeré macarrones de nuevo.
Una partida a la Play y salgo.
1:25h. Creo que la partida se me ha ido
de las manos. ¡Qué desperdicio de día! Mañana sin falta traigo
comida y tiro la basura.
Día 2.
3 de octubre.
17:00h. ¡Qué pereza! Esto de romper
la rutina es agotador y he dormido la siesta más de lo que tenía
previsto. Ahora no me apetece salir a hacer la compra. Miro un
capítulo de la serie y me pongo en marcha, o no sé que comeré
mañana, así limpio la tierra del gato y bajo la basura.
23:45h. Se me ha vuelto a ir la tarde a
freír espárragos, pero me he terminado la serie. ¿Quién me lo iba
a decir? ¡La tercera temporada de una sentada! Quería aprovechar el
tiempo pero ¡es que estaba tan interesante! Creo que me afeito y me
voy a la cama. Mañana recojo los platos de la cena.
3:25h. ¡Yo te maldigo, Netflix! ¿A
quién se le ocurre ponerse con el móvil justo antes de dormir?
Bueno, otra serie que cae. Tendré que buscar otra que pueda estar
interesante... o empezar ese libro. Al final no me he afeitado. No
importa, lo mismo me dejo barba estos días.
Día 4.
5 de octubre.
12:00h. ¡Empieza
el fin de semana! Mi primer sábado libre desde que me casé. Hoy
fiesta salvaje. Vamos a ver que hacen los otros "esclavos"
y nos lo pasamos bien hoy. Mientras que los llamo me acerco al súper
y lleno la nevera.
14:00h. Parece que
la fiesta tendrá que ser otro día. Antonio tiene a la niña mala,
Óscar tiene guardia, Daniel se juega el divorcio si tiene otra
bronca con su mujer y a Pedro directamente, no le dan permiso. Con
tanta llamada no he ido a hacer la compra.
¿Desde cuando no tiene agua el gato? ¡así que maullaba como un desesperado!
Voy a cocinar
lo-que-sea en un momento y adelanto algo de trabajo, ya que me dejan
solo estos calzonazos, que si no llegará la fecha tope y el dossier
no se redacta solo. Siempre lo estoy postponiendo. Soy un desastre.
23:50h. He bajado
al bar para ver el partido y cenar allí. Total, tampoco tenía nada
en la nevera. El bocadillo de bacon y queso me ha sentado un poco
mal, acostumbrado a cenar ensalada, o yogurt. Se agradece
poder tomarse una cerveza sin que te molesten con la cena del niño,
el pañal, la tierra del gato...
Mañana me levanto
temprano y salgo en bici. A ver si aún tengo piernas para subir a la
ermita.
Día 5.
6 de octubre.
11:40h. Al final
conseguí salir con la bici, pero con pantalón de chandal. El
culotte se me quedó pequeño. ¿Tanto he engordado en tres años?
Poner la bicicleta
en marcha ha sido un poco complicado. Tenía tanto polvo encima que
he tenido que usar una pala para moverla, y quitar el rosal que le
crecía encima. Engrasarla, tensar el freno e hinchar las ruedas...
Me ha costado
entrar en calor, al menos cinco kilómetros para empezar a rodar
cómodo. ¡Me hago viejo! Antes me subía a la bici y, enseguida,
cogía rítmo. Hoy he sudado hasta la última gota de cerveza de
ayer.
¿Que si he subido
hasta la ermita? ¡Ni hablar! He tenido que dar la vuelta en la
primera rampa. Me ha dado un tirón en el muslo y los chavales que
habían por allí me han tenido que ayudar a bajarme de la bicicleta.
¡Uf! A su edad yo también subía con esa facilidad. He vuelto a casa renqueando.
15:00h. Me he
bajado a comer al bar. O eso, o me comía el pienso del gato.
¡Maldita sea! He
olvidado, otra vez, sacar la basura, y la tierra de la gatera debe de
estar a punto de cobrar vida. Cuando está aquí mi mujer nunca "se
me olvida".
Me tumbo un rato y
recojo los juguetes del niño, que una de estas me tropiezo y me
rompo algo.
21:35h. Hoy, cena
ligera. Solo quedaba una lata de atún. Bueno, a ver si asi empiezo a
bajar un poco de barriga que, si lo organizo bien, en un par de
semanas podré volver a subir esa montaña en la bicicleta y
recuperar un poco el fondo.
Mañana me levanto
un poco antes y limpio el baño que huele, casi, como la tierra del
gato.
Que desperdicio de
fin de semana.
viernes, 10 de junio de 2016
Vigilados.
Hasta hace relativamente poco, no era lo más común ver a un padre empujando un carrito, o cargando una mochila con un bebé, sin la directa y responsable supervisión de un miembro del género femenino, como si el ser el-padre-de-la-criatura, copartícipe en la exigente tarea de criar a una pequeña personita, no fuera suficiente entrenamiento a la hora de poder hacerse cargo de las tareas que la paternidad exige y, como si el ser mujer, capacitara totalmente a todas las féminas para dicha misión.
Incluso mi señora pertenece a esta corriente, e intuyo, que tuvo que ser duro para ella volver al trabajo y dejar a nuestro retoño a mi cuidado cada mañana. No quiero decir que no se fiara de mí pero seguro que no lo hizo hasta que volvió a casa unas cuantas veces y, tras pasar una exhaustiva revisión de la salud y entereza del pequeño, comenzó poco a poco a marcharse de casa sin tener yo que echarla a la calle, que no a fiarse de mis cuidados y capacidades al-cien-por-cien.
Según puedo comprobar, la adaptación de la sociedad al nuevo papel del "papá-canguro" es lenta, casi agónica. Muchas veces voy paseando por la calle, acompañado de mi hijo, al parque o a cualquier otro sitio, y puedo notar las atentas miradas de un significativo número de féminas, con el instinto materno "en-alerta-máxima", escrutando cada movimiento que hago hacia "el peque", supervisando cada sorbo de agua que le doy y analizando cada contracción muscular que hace que pueda sacarlo del carrito. Incluso, cuando hago la compra, noto un mayor flujo de personas del género contrario investigando mis adquisiciones. No quiere decir que haya pillado a ningún activo de la red "mamás-solidarias" revisando la caducidad de los potitos que adquiero, o que no haya notado que la talla de pañal que he depositado, en el fondo del carro, no fuera la correcta y se hubiera rectificado por sí misma, pero seguro que, en cuanto me doy la vuelta, las fechas y tallas son revisadas disimuladamente.
Sí, sí... lo sé. Cuaquiera puede usar un blog anónimo en la red para hacer acusaciones infundadas, circunstanciales y sin argumentos sólidos que las respalden, pero... ¿y si puedo aportar mis pruebas?
Sucedió hace unos meses. Había quedado en reunirme con "la-señora-ojos-del-gato" en una céntrica y conocida parada de tren y metro del centro de Barcelona. Hasta allí, me había desplazado en un cercanías y, como llegaba con antelación, cosa habitual en mis costumbres, me dispuse a darle un potito de fruta a mi peque a modo de merienda.
Ya en el desplazamiento hasta allí me había dado cuenta de que, la mayoría de mujeres en edad de ser madres que había en el andén, se colocaban a mi alrededor, a modo de escolta-asistencia-urgente para cualquier imprevisto. Subieron distraidamente y se ubicaron estratégicamente a lo largo y ancho del vagón. En cuanto me distraía un poco para revisar el correo, o mirar por la ventana, notaba alguna presencia comprobando pañales y toallitas en la mochila.
Dos de mis disimuladas acompañantes me ayudaron a bajar hasta el andén, abarrotado para variar, pero una buena samaritana me cedió el sitio, otro miembro de mamás-en-alerta, seguramente, al verme con la merienda del niño en la mano y con intención de alimentarle.
Ya por aquel entonces habian empezado a salirles los dientes a mi pequeño cachorro. Cualquier padre que se precie sabe, que cuando le salen los dientes, la comida administrada con tanto cariño, a veces también abandona el cuerpo del bebé por vía urgente. Las mamás no les hacen falta aprenderlo, lo llevan escrito en el ADN y son capaces de adelantarse, varios minutos, a la afrutada regurgitación de la criaturillla en cuestión.
Los trenes y los minutos pasaban. Gracias al trasiego, mi pequeña réplica genética estaba entretenida investigándolo todo, con mirada curiosa, comía sin problemas. También hay que decir que, la mayoría de las veces, este niño, zampa como una lima
.
Mientras terminábamos la merienda, cada vez, notaba más ojos pendientes de la escena, más mujeres acercándose como leonas, como atraídas por el olor de la presa débil e indefensa, intuyendo que, tras la última cucharada, justo después de tirar a la basura el envase, una proporción muy alta de papilla iba a salir disparada desde el estómago de su huesped. Y así fué.
Apenas si tuve tiempo de poner el babero a modo de bandeja e intentar controlar la dirección de su contenido hacia el suelo, no con demasiado éxito, por lo que el saco, la ropa del bebé, mi propia ropa y todo lo que había en un radio de dos-o-tres-metros, se pudo ver afectado por semejante "explosión". Enseguida le saqué del carrito intentando minimizar las manchas y el consiguiente olor a manzana, plátano y naranja que ya flotaba en el ambiente, cuando un número indeterminado de mamás-en-potencia acudió en mi auxilio.
Una de las mujeres sacó una bolsa de-no-sé-dónde y metió el babero y la chaqueta manchada, otra más me sujetó al niño, que sonreía como un poseso, mientras intentaba limpiar y reacondicionar el saco, otras dos manos se sumaron y comenzaron a pasar una toallita húmeda por la cara y las manos del afectado y, enseguida, me encontré con que apenas si tenía algo que hacer entre tan numerosas, y expertas, manos.
La conversación no se hizo esperar en formas de sabias anécdotas de cuando una y otra les pasaba algo parecido. Recibi más información en dos minutos que horas-de-video-en-Youtube durante una semana. Momentos después de la ayuda solidaria podría haber escrito varios tomos del libro "¿Cómo sujetar, limpiar y reacondicionar a un bebé que acaba de vomitarse encima" a la venta el próximo mes de septiembre.
Pasaron unos minutos más charlando, como vigilando cualquier nuevo incidente y, tan rápido como aparecieron, ante una discreta señal, se dispersaron unos segundos antes de que apareciera "la-responsable-titular" para hacerse cargo de la situación.
No me pareció sorprendida. Cuando llegaba, estaba guardando el móvil y, en una furtiva mirada, pude ver lo que parecía una foto "del incidente" del potito. Estoy seguro de que todo lo que pasó fue retransmitido (vía satélite) y coordinado de forma experta por un comité de abuelas desde alguna guarida secreta.
Incluso mi señora pertenece a esta corriente, e intuyo, que tuvo que ser duro para ella volver al trabajo y dejar a nuestro retoño a mi cuidado cada mañana. No quiero decir que no se fiara de mí pero seguro que no lo hizo hasta que volvió a casa unas cuantas veces y, tras pasar una exhaustiva revisión de la salud y entereza del pequeño, comenzó poco a poco a marcharse de casa sin tener yo que echarla a la calle, que no a fiarse de mis cuidados y capacidades al-cien-por-cien.
Según puedo comprobar, la adaptación de la sociedad al nuevo papel del "papá-canguro" es lenta, casi agónica. Muchas veces voy paseando por la calle, acompañado de mi hijo, al parque o a cualquier otro sitio, y puedo notar las atentas miradas de un significativo número de féminas, con el instinto materno "en-alerta-máxima", escrutando cada movimiento que hago hacia "el peque", supervisando cada sorbo de agua que le doy y analizando cada contracción muscular que hace que pueda sacarlo del carrito. Incluso, cuando hago la compra, noto un mayor flujo de personas del género contrario investigando mis adquisiciones. No quiere decir que haya pillado a ningún activo de la red "mamás-solidarias" revisando la caducidad de los potitos que adquiero, o que no haya notado que la talla de pañal que he depositado, en el fondo del carro, no fuera la correcta y se hubiera rectificado por sí misma, pero seguro que, en cuanto me doy la vuelta, las fechas y tallas son revisadas disimuladamente.
Sí, sí... lo sé. Cuaquiera puede usar un blog anónimo en la red para hacer acusaciones infundadas, circunstanciales y sin argumentos sólidos que las respalden, pero... ¿y si puedo aportar mis pruebas?
Sucedió hace unos meses. Había quedado en reunirme con "la-señora-ojos-del-gato" en una céntrica y conocida parada de tren y metro del centro de Barcelona. Hasta allí, me había desplazado en un cercanías y, como llegaba con antelación, cosa habitual en mis costumbres, me dispuse a darle un potito de fruta a mi peque a modo de merienda.
Ya en el desplazamiento hasta allí me había dado cuenta de que, la mayoría de mujeres en edad de ser madres que había en el andén, se colocaban a mi alrededor, a modo de escolta-asistencia-urgente para cualquier imprevisto. Subieron distraidamente y se ubicaron estratégicamente a lo largo y ancho del vagón. En cuanto me distraía un poco para revisar el correo, o mirar por la ventana, notaba alguna presencia comprobando pañales y toallitas en la mochila.
Dos de mis disimuladas acompañantes me ayudaron a bajar hasta el andén, abarrotado para variar, pero una buena samaritana me cedió el sitio, otro miembro de mamás-en-alerta, seguramente, al verme con la merienda del niño en la mano y con intención de alimentarle.
Ya por aquel entonces habian empezado a salirles los dientes a mi pequeño cachorro. Cualquier padre que se precie sabe, que cuando le salen los dientes, la comida administrada con tanto cariño, a veces también abandona el cuerpo del bebé por vía urgente. Las mamás no les hacen falta aprenderlo, lo llevan escrito en el ADN y son capaces de adelantarse, varios minutos, a la afrutada regurgitación de la criaturillla en cuestión.
Los trenes y los minutos pasaban. Gracias al trasiego, mi pequeña réplica genética estaba entretenida investigándolo todo, con mirada curiosa, comía sin problemas. También hay que decir que, la mayoría de las veces, este niño, zampa como una lima
.
Mientras terminábamos la merienda, cada vez, notaba más ojos pendientes de la escena, más mujeres acercándose como leonas, como atraídas por el olor de la presa débil e indefensa, intuyendo que, tras la última cucharada, justo después de tirar a la basura el envase, una proporción muy alta de papilla iba a salir disparada desde el estómago de su huesped. Y así fué.
Apenas si tuve tiempo de poner el babero a modo de bandeja e intentar controlar la dirección de su contenido hacia el suelo, no con demasiado éxito, por lo que el saco, la ropa del bebé, mi propia ropa y todo lo que había en un radio de dos-o-tres-metros, se pudo ver afectado por semejante "explosión". Enseguida le saqué del carrito intentando minimizar las manchas y el consiguiente olor a manzana, plátano y naranja que ya flotaba en el ambiente, cuando un número indeterminado de mamás-en-potencia acudió en mi auxilio.
Una de las mujeres sacó una bolsa de-no-sé-dónde y metió el babero y la chaqueta manchada, otra más me sujetó al niño, que sonreía como un poseso, mientras intentaba limpiar y reacondicionar el saco, otras dos manos se sumaron y comenzaron a pasar una toallita húmeda por la cara y las manos del afectado y, enseguida, me encontré con que apenas si tenía algo que hacer entre tan numerosas, y expertas, manos.
La conversación no se hizo esperar en formas de sabias anécdotas de cuando una y otra les pasaba algo parecido. Recibi más información en dos minutos que horas-de-video-en-Youtube durante una semana. Momentos después de la ayuda solidaria podría haber escrito varios tomos del libro "¿Cómo sujetar, limpiar y reacondicionar a un bebé que acaba de vomitarse encima" a la venta el próximo mes de septiembre.
Pasaron unos minutos más charlando, como vigilando cualquier nuevo incidente y, tan rápido como aparecieron, ante una discreta señal, se dispersaron unos segundos antes de que apareciera "la-responsable-titular" para hacerse cargo de la situación.
No me pareció sorprendida. Cuando llegaba, estaba guardando el móvil y, en una furtiva mirada, pude ver lo que parecía una foto "del incidente" del potito. Estoy seguro de que todo lo que pasó fue retransmitido (vía satélite) y coordinado de forma experta por un comité de abuelas desde alguna guarida secreta.
martes, 17 de mayo de 2016
En bici al trabajo.
Sí, es cierto: la paternidad te cambia la vida. Es un trabajo de veinticuatro horas al día, siete días por semana, exigente como pocos y prioritario como el que más, por ello, cualquier otra actividad debe ser postpuesta en beneficio de la primera: Vida social, aficciones, viajes, hobbies, higiene personal y hábitos de sueño, autoalimentación, gustos y necesidades varias y, por supuesto, el deporte. todo es secundario cuando tienes una "réplica genética" que te necesita para cualquier cosa.
El deporte, para mí, siempre ha sido mucho más que una aficción. Sin el, mi índice de masa corporal se descontrola, la tensión se me acumula en los músculos y nervios, me cuesta dormir y una larga lista de signos que dicen: "nene, súbete a la bici y date un paseo largo". Puedo ignorar esa necesidad un tiempo pero, cuando recibo una llamada del Centro de Control Orbital de la Agencia Espacial Europea, avisándome de que, según los datos que manejan, comienzo a tener gravedad propia y, que todos los satélites notan mi presencia cuando pasan sobre mi "zona-de-influencia" es cuando me veo obligado a tomar medidas.
No es algo fácil de organizar. Hay que prepararse un café, sacar la agenda, apuntar las actividades inamobibles y buscar huecos libres, escasos estos días. Entonces es cuando te das cuenta de que, como no empieces a ir en bicicleta al trabajo, lo tienes crudo. ¿Qué? ¿Veinte kilómetros cuando estoy en el parking más lejano, sumando ida y vuelta? ¡Pero si el verano pasado me hacía no menos de cincuenta por salida! esto no me va a hacer ni cosquillas, estoy mucho más en forma que eso...
Entonces la decisión está tomada. Al día siguiente te preparas la mochila: Uniforme, cena, ordenador portátil, libro, agenda, dos termos de té, cargadores de móvil, toalla, gel de ducha... Te das cuenta, cuando casi no puedes cerrar la mochila, que los paracaidistas lanzados sobre Francia, en la Segunda Guerra Mundial, llevaban un equipo más ligero que el tuyo pero, a pesar de ello, "tiras pa´lante" con convicción.
Las primeras pedaladas las afrontas con ciertas dudas pero, recuerdas el viento en la cara de "cuando-estabas-en-forma" y avanzabas como si no fuera nada. Recuerdas que ese repecho no era más que un suspiro y que no te hacía falta siquiera levantarte del sillín para superarlo. Pero tus músculos comienzan a poner caras raras ante la primera "cuestecita", diciéndose entre ellos: "¿Y esto?" poco acostumbrados desde hace meses a algo más que a subir y bajar la escalera de casa. Entonces es cuando te das cuenta de que la inactividad, el peso que acumulas en la espalda (y en la zona abdominal) te van a pasar factura.
Después de un kilómetro aun te dices a ti mismo "es-que-estoy-frío" y hace promesa de calentamiento para la próxima vez, pero también piensas que hubiera sido una buena idea consultar el pronóstico del tiempo, ya que llevas un viento de cara de treinta km/h y la suave cuesta que tienes que superar para llegar al tu lugar de trabajo se ha convertido en L´Alpe d´Huez, mítica cima de El Tour de Francia.
Avanzado el recorrido ves pasar, con mirada golosa, los tranvías que solías coger cada día, y piensas que quizá podrías acortar un poco, "solo la subida", y lo harías, pero ya estás tan cansado que no estás seguro de si podrías sacar las zapatillas de los calapiés a tiempo y caer al suelo antes de poder apoyarte. Así que continuas pedaleando penosamente.
Al fin llegas al punto más alto de tu ruta, desde ahi solo tendrás algunas bajadas, mucho llano y un repecho final. Has quemado las tres últimas comidas subiendo y ya estás empapado de sudor. La dotación de la ambulancia que se ha parado en el semáforo, ve tu precario avance y decide seguirte a ver si llegas, a donde quiera que vayas.
Comienza la bajada. La agilidad y reflejos felinos que habías adquirido para moverte entre el tráfico se ha reducido drásticamente. Te sientes como una gacela corriendo entre leones, todos parecen decididos a cenarte. Si antes no te inmutabas con un coche que pasaba a poco más de un metro, ahora te parece que has esquivado la muerte por un milímetro. Los mossos d´escuadra, la policía autónoma catalana, ven tu incierto y errático avance por la vía pública y también deciden escoltarte, junto con la ambulancia que ya te sigue y que pide refuerzo de un vehículo de soporte vital avanzado.
Aprovechando un semáforo en rojo, encuentras un tramo de carretera un poco más despejada y puedes avanzar unos metros sin estar sufriendo por los vehículos que cohabitan a tu alrededor. Subes plato y bajas piñón, intentas encontrar un poco de la fuerza muscular que aun te quede y aceleras tratando de llegar al siguiente semáforo "en verde" para no tener que frenar en plena bajada. La ambulancia y el coche de policía encienden los rotativos y se ponen "a rueda".
La cuesta se va pronunciando, la velocidad aumenta y de pronto ya no estás seguro del estado de los frenos. Hace mucho que no usas la "mountain bike" y, por desgracia, el semáforo del fondo se pone en ámbar. Accionas el freno trasero que chirría y se queja con amargura. El peso de la mochila, la inclinación de la carretera y tu propia masa corporal, multiplica la inercia en muchos kilos. El roce del freno contra el disco hace saltar chispas y pareces un avión de combate tocado, dejando una estela negra, a juego con cómo lo ves para detenerte antes del semáforo. Un camión de bomberos, que espera para incorporarse, desde una calle a la derecha, te ve pasar como una bala y, temiendo por el desenlace final, se une a tus dos vehículos de escolta.
Los nervisoso avisos del personal de seguridad y emergencias, temiendo un fatal desenlace, consiguen que hacia la mitad del recorrido las calles hayan sido cortadas para dejarte pasar y no provocar un desastre. Los rotativos de coches de la Guardia Urbana tiñen de azul la noche, la gente se apelotona a los bordes de la Avenida Diagonal preguntándose que ocurre, Protección Civil ha vallado la zona y se ha levantado un hospital de campaña a la puerta de tu trabajo.
Tus progresos son... precarios. Sudas profusamente, los gemelos te arden y el corazón te late con tanta fuerza que se activan los sismógrafos de toda la provincia de Barcelona, (aunque sin aviso de tsunami) de momento. Los helicópteros iluminan tu camino y, lo único que te impide poner un pie en tierra y subirte al tranvía para llegar a trabajar es tu anquilosado orgullo de "vieja promesa del deporte nacional".
Por fin entras en el tramo final de tu ruta. Queda un kilómetro de llano y luego una subida asesina de cuatrocientos metros, que se te antoja como una pared vertical de granito. Por ese entonces ya solo te mantiene el ánimo de la gente que se apelotona tras las vallas instaladas, que aplaude a tu paso y te alienta para que sigas avanzando. Dos de los camiones de bomberos han comenzado a lanzarte una cortina de agua para evitar que el calor corporal, debido al esfuerzo físico, hagan arder la ropa que llevas. El casco ya se te ha fundido sobre la cabeza.
Con el tráfico cortado ya no hay que preocuparse de los semáforos, encaras la última subida, giras rápidamente a la izquierda por Via Augusta hasta tu destino, la carretera se empina y allá arriba ves las luces del Tibidabo, el parque de atracciones de Barcelona, el brillo de la luna, tu vieja habitación de alquiler (altitud) y la Estación Espacial Internacional atada a ella.
El plato más pequeño y el piñón grande la bici son insuficientes, tus piernas se mueven casi a match 2, pero apenas consigues avanzar. Notas toda la fuerza de la gravedad en tus carnes y maldices a Sir Isaac Newton mientras, la distancia que te separa del trabajo, se va reduciendo en centímetros-por-hora.
Los equipos sanitarios van enchufando los dispositivos de soporte vital y ya solo escuchas tus propios latidos, al borde de la parada cardiorespiratoria.
Al fin llegas. Pones el píe en tierra y enseguida se te echan encima una docena de médicos y técnicos que te ponen oxígeno, electrodos para monitorizarte y te enchufan en vena un cocktel de sustancias para evitar que te vengas abajo. La multitud se dispersa y los equipos de emergencias vuelven a sus rutas. Las televisiones confirman la llegada y los periodistas comienzan a teclear.
Llegas ante tu compañero para hacerle el relevo, más muewrto que vivo escuchas el parte del día, te informa de las novedades y se va tan rápido como puede y rezas, rezas por que llueva cuando te toque salir, y puedas volver en tranvía a casa.
El deporte, para mí, siempre ha sido mucho más que una aficción. Sin el, mi índice de masa corporal se descontrola, la tensión se me acumula en los músculos y nervios, me cuesta dormir y una larga lista de signos que dicen: "nene, súbete a la bici y date un paseo largo". Puedo ignorar esa necesidad un tiempo pero, cuando recibo una llamada del Centro de Control Orbital de la Agencia Espacial Europea, avisándome de que, según los datos que manejan, comienzo a tener gravedad propia y, que todos los satélites notan mi presencia cuando pasan sobre mi "zona-de-influencia" es cuando me veo obligado a tomar medidas.
No es algo fácil de organizar. Hay que prepararse un café, sacar la agenda, apuntar las actividades inamobibles y buscar huecos libres, escasos estos días. Entonces es cuando te das cuenta de que, como no empieces a ir en bicicleta al trabajo, lo tienes crudo. ¿Qué? ¿Veinte kilómetros cuando estoy en el parking más lejano, sumando ida y vuelta? ¡Pero si el verano pasado me hacía no menos de cincuenta por salida! esto no me va a hacer ni cosquillas, estoy mucho más en forma que eso...
Entonces la decisión está tomada. Al día siguiente te preparas la mochila: Uniforme, cena, ordenador portátil, libro, agenda, dos termos de té, cargadores de móvil, toalla, gel de ducha... Te das cuenta, cuando casi no puedes cerrar la mochila, que los paracaidistas lanzados sobre Francia, en la Segunda Guerra Mundial, llevaban un equipo más ligero que el tuyo pero, a pesar de ello, "tiras pa´lante" con convicción.
Las primeras pedaladas las afrontas con ciertas dudas pero, recuerdas el viento en la cara de "cuando-estabas-en-forma" y avanzabas como si no fuera nada. Recuerdas que ese repecho no era más que un suspiro y que no te hacía falta siquiera levantarte del sillín para superarlo. Pero tus músculos comienzan a poner caras raras ante la primera "cuestecita", diciéndose entre ellos: "¿Y esto?" poco acostumbrados desde hace meses a algo más que a subir y bajar la escalera de casa. Entonces es cuando te das cuenta de que la inactividad, el peso que acumulas en la espalda (y en la zona abdominal) te van a pasar factura.
Después de un kilómetro aun te dices a ti mismo "es-que-estoy-frío" y hace promesa de calentamiento para la próxima vez, pero también piensas que hubiera sido una buena idea consultar el pronóstico del tiempo, ya que llevas un viento de cara de treinta km/h y la suave cuesta que tienes que superar para llegar al tu lugar de trabajo se ha convertido en L´Alpe d´Huez, mítica cima de El Tour de Francia.
Avanzado el recorrido ves pasar, con mirada golosa, los tranvías que solías coger cada día, y piensas que quizá podrías acortar un poco, "solo la subida", y lo harías, pero ya estás tan cansado que no estás seguro de si podrías sacar las zapatillas de los calapiés a tiempo y caer al suelo antes de poder apoyarte. Así que continuas pedaleando penosamente.
Al fin llegas al punto más alto de tu ruta, desde ahi solo tendrás algunas bajadas, mucho llano y un repecho final. Has quemado las tres últimas comidas subiendo y ya estás empapado de sudor. La dotación de la ambulancia que se ha parado en el semáforo, ve tu precario avance y decide seguirte a ver si llegas, a donde quiera que vayas.
Comienza la bajada. La agilidad y reflejos felinos que habías adquirido para moverte entre el tráfico se ha reducido drásticamente. Te sientes como una gacela corriendo entre leones, todos parecen decididos a cenarte. Si antes no te inmutabas con un coche que pasaba a poco más de un metro, ahora te parece que has esquivado la muerte por un milímetro. Los mossos d´escuadra, la policía autónoma catalana, ven tu incierto y errático avance por la vía pública y también deciden escoltarte, junto con la ambulancia que ya te sigue y que pide refuerzo de un vehículo de soporte vital avanzado.
Aprovechando un semáforo en rojo, encuentras un tramo de carretera un poco más despejada y puedes avanzar unos metros sin estar sufriendo por los vehículos que cohabitan a tu alrededor. Subes plato y bajas piñón, intentas encontrar un poco de la fuerza muscular que aun te quede y aceleras tratando de llegar al siguiente semáforo "en verde" para no tener que frenar en plena bajada. La ambulancia y el coche de policía encienden los rotativos y se ponen "a rueda".
La cuesta se va pronunciando, la velocidad aumenta y de pronto ya no estás seguro del estado de los frenos. Hace mucho que no usas la "mountain bike" y, por desgracia, el semáforo del fondo se pone en ámbar. Accionas el freno trasero que chirría y se queja con amargura. El peso de la mochila, la inclinación de la carretera y tu propia masa corporal, multiplica la inercia en muchos kilos. El roce del freno contra el disco hace saltar chispas y pareces un avión de combate tocado, dejando una estela negra, a juego con cómo lo ves para detenerte antes del semáforo. Un camión de bomberos, que espera para incorporarse, desde una calle a la derecha, te ve pasar como una bala y, temiendo por el desenlace final, se une a tus dos vehículos de escolta.
Los nervisoso avisos del personal de seguridad y emergencias, temiendo un fatal desenlace, consiguen que hacia la mitad del recorrido las calles hayan sido cortadas para dejarte pasar y no provocar un desastre. Los rotativos de coches de la Guardia Urbana tiñen de azul la noche, la gente se apelotona a los bordes de la Avenida Diagonal preguntándose que ocurre, Protección Civil ha vallado la zona y se ha levantado un hospital de campaña a la puerta de tu trabajo.
Tus progresos son... precarios. Sudas profusamente, los gemelos te arden y el corazón te late con tanta fuerza que se activan los sismógrafos de toda la provincia de Barcelona, (aunque sin aviso de tsunami) de momento. Los helicópteros iluminan tu camino y, lo único que te impide poner un pie en tierra y subirte al tranvía para llegar a trabajar es tu anquilosado orgullo de "vieja promesa del deporte nacional".
Por fin entras en el tramo final de tu ruta. Queda un kilómetro de llano y luego una subida asesina de cuatrocientos metros, que se te antoja como una pared vertical de granito. Por ese entonces ya solo te mantiene el ánimo de la gente que se apelotona tras las vallas instaladas, que aplaude a tu paso y te alienta para que sigas avanzando. Dos de los camiones de bomberos han comenzado a lanzarte una cortina de agua para evitar que el calor corporal, debido al esfuerzo físico, hagan arder la ropa que llevas. El casco ya se te ha fundido sobre la cabeza.
Con el tráfico cortado ya no hay que preocuparse de los semáforos, encaras la última subida, giras rápidamente a la izquierda por Via Augusta hasta tu destino, la carretera se empina y allá arriba ves las luces del Tibidabo, el parque de atracciones de Barcelona, el brillo de la luna, tu vieja habitación de alquiler (altitud) y la Estación Espacial Internacional atada a ella.
El plato más pequeño y el piñón grande la bici son insuficientes, tus piernas se mueven casi a match 2, pero apenas consigues avanzar. Notas toda la fuerza de la gravedad en tus carnes y maldices a Sir Isaac Newton mientras, la distancia que te separa del trabajo, se va reduciendo en centímetros-por-hora.
Los equipos sanitarios van enchufando los dispositivos de soporte vital y ya solo escuchas tus propios latidos, al borde de la parada cardiorespiratoria.
Al fin llegas. Pones el píe en tierra y enseguida se te echan encima una docena de médicos y técnicos que te ponen oxígeno, electrodos para monitorizarte y te enchufan en vena un cocktel de sustancias para evitar que te vengas abajo. La multitud se dispersa y los equipos de emergencias vuelven a sus rutas. Las televisiones confirman la llegada y los periodistas comienzan a teclear.
Llegas ante tu compañero para hacerle el relevo, más muewrto que vivo escuchas el parte del día, te informa de las novedades y se va tan rápido como puede y rezas, rezas por que llueva cuando te toque salir, y puedas volver en tranvía a casa.
sábado, 19 de marzo de 2016
Cursos CEAC.
Si hay algo que me repatea, aunque esta historia se vuelva salir del estilo de la mayoría de entradas de este blog, es el abuso y la mentira. Por parte de personas, por parte de empresas, da igual. No todo vale para ganar dinero y, ciertas empresas, llevan estas prácticas en su ADN.
Voy a saltarme las obvias, las más denunciadas, cuyos nombres adornan lo más alto de mi lista negra, con guirnaldas y lucecitas que me sobraron de la pasada navidad: Movistar, Vodafone, Mediamarkt, Endesa, Gestoria Arjalaguer (que tiene su propia entrada)... todas ellas se han ganado a pulso, el "Top" en esta humilde lista, que guardo bajo llave por su descarado olor a podrido. Esta noche, añado una más: CEAC. Sí, los de los cursos, perteneciente al grupo Planeta.
Hace años ya solicité información sobre sus cursos mediante un número de teléfono, antes de la Era de Internet. Un comercial vino a verme, muy amable y educado, como un gordo y sabroso gusano, enrollado en un anzuelo de pesca, y me dió información sobre el curso que me había interesado. Lo cierto, en honor a la verdad, es que no recuerdo cual era, pero no importa porque esta historia no trata sobre aquel comercial, ni mi efímero interés en la empresa. Lo que sí recuerdo es que se me antojó bastante caro, lo primero. Que me dío la impresión de que aquel sonriente y trajeado individuo me estaba mintiendo descaradamente, lo segundo. Y que no me dío el regalo por informarme, que tampoco recuerdo qué chorrada era, por último. Aunque todo esto da igual.
Todo esto es un aperitivo que viene a ser todo un "aviso-a-navegantes" que puedan estar interesados en realizar un curso, con esta o cualquier otra empresa del mismo estilo (o calaña).
Hace ya no tanto, alguien que conozco bien, si creyó a "su comercial". Esta persona, muy cercana a mi, quiso realizar un curso que le vendieron como "oficial" (primera mentira) aprovechando que ella no dominaba al cien-por-cien nuestro insigne y muy hablado idioma, cosa que el gusano entendió a la primera.
El gusano-comercial se esforzó considerablemente por hacer saber a la potencial presa, que al terminar el curso, si superaba un examen, tendría acceso a titulación oficial. Le hicieron entender que tendría un "apoyo online" en la figura de un profesor, que estaría siempre disponible para aclarar sus dudas, y que luego resultó que ni contestaba pasadas las primeras semanas y, con engaños, cambios de condiciones "extraños" y falta de firmas en documentos, cuando quiso devolver el curso, dentro del plazo acordado para hacerlo ya que no cumplía sus expectativas, y vio todas esas cosas raras, se encontró con que le endulzaban la oreja pero no le daban soluciones.
Harta de esperar respuestas, que nunca llegaron, se encontró con una denuncia de su, ahora sí, eficiente servicio de cobros, bien curtidos en estos temas, ya que deben de ser expertos en cubrir mentiras y coaccionar durante meses a las personas. Realizando llamadas amenazadoras y fuera de tono. Agobiando con cartas y amenazas al más puro estilo mafia. Únicamente nos faltó encontrar una cabeza de caballo sobre las sábanas, cosa que debió evitar nuestra abogada (que luego pareció que trabajara para ellos).
Sé que esta historia se aleja completamente de lo que es el estilo del blog, por lo que pido perdón a mis lectores, pero me veía en la obligación moral de hacer un aviso a quién quiera escucharlo, no sea que, buscando información, se vea ante un sabroso y gordo gusano y se encuentre con un anzuelo metido en el gaznate.
Voy a saltarme las obvias, las más denunciadas, cuyos nombres adornan lo más alto de mi lista negra, con guirnaldas y lucecitas que me sobraron de la pasada navidad: Movistar, Vodafone, Mediamarkt, Endesa, Gestoria Arjalaguer (que tiene su propia entrada)... todas ellas se han ganado a pulso, el "Top" en esta humilde lista, que guardo bajo llave por su descarado olor a podrido. Esta noche, añado una más: CEAC. Sí, los de los cursos, perteneciente al grupo Planeta.
Hace años ya solicité información sobre sus cursos mediante un número de teléfono, antes de la Era de Internet. Un comercial vino a verme, muy amable y educado, como un gordo y sabroso gusano, enrollado en un anzuelo de pesca, y me dió información sobre el curso que me había interesado. Lo cierto, en honor a la verdad, es que no recuerdo cual era, pero no importa porque esta historia no trata sobre aquel comercial, ni mi efímero interés en la empresa. Lo que sí recuerdo es que se me antojó bastante caro, lo primero. Que me dío la impresión de que aquel sonriente y trajeado individuo me estaba mintiendo descaradamente, lo segundo. Y que no me dío el regalo por informarme, que tampoco recuerdo qué chorrada era, por último. Aunque todo esto da igual.
Todo esto es un aperitivo que viene a ser todo un "aviso-a-navegantes" que puedan estar interesados en realizar un curso, con esta o cualquier otra empresa del mismo estilo (o calaña).
Hace ya no tanto, alguien que conozco bien, si creyó a "su comercial". Esta persona, muy cercana a mi, quiso realizar un curso que le vendieron como "oficial" (primera mentira) aprovechando que ella no dominaba al cien-por-cien nuestro insigne y muy hablado idioma, cosa que el gusano entendió a la primera.
El gusano-comercial se esforzó considerablemente por hacer saber a la potencial presa, que al terminar el curso, si superaba un examen, tendría acceso a titulación oficial. Le hicieron entender que tendría un "apoyo online" en la figura de un profesor, que estaría siempre disponible para aclarar sus dudas, y que luego resultó que ni contestaba pasadas las primeras semanas y, con engaños, cambios de condiciones "extraños" y falta de firmas en documentos, cuando quiso devolver el curso, dentro del plazo acordado para hacerlo ya que no cumplía sus expectativas, y vio todas esas cosas raras, se encontró con que le endulzaban la oreja pero no le daban soluciones.
Harta de esperar respuestas, que nunca llegaron, se encontró con una denuncia de su, ahora sí, eficiente servicio de cobros, bien curtidos en estos temas, ya que deben de ser expertos en cubrir mentiras y coaccionar durante meses a las personas. Realizando llamadas amenazadoras y fuera de tono. Agobiando con cartas y amenazas al más puro estilo mafia. Únicamente nos faltó encontrar una cabeza de caballo sobre las sábanas, cosa que debió evitar nuestra abogada (que luego pareció que trabajara para ellos).
Sé que esta historia se aleja completamente de lo que es el estilo del blog, por lo que pido perdón a mis lectores, pero me veía en la obligación moral de hacer un aviso a quién quiera escucharlo, no sea que, buscando información, se vea ante un sabroso y gordo gusano y se encuentre con un anzuelo metido en el gaznate.
domingo, 6 de marzo de 2016
Carta abierta y promesa cumplida.
Carta abierta.
Querido Jesús.
Quizá tu apretada agenda te haya
impedido percatarte de que, en este, mi blog, la mayoría de los
temas tratados se hacen en un tono general de cachondeo y humor, al
menos eso intento aunque no siempre lo consigo. Puede ser que no hayas
entrado lo suficiente o, como me pasa a mí, la puedas tener pequeña
(la memoria) y no recuerdes mi estilo de redacción. Sea como fuere,
después de darle muchas vueltas, voy a tratar de cumplir con la
promesa que te hice de dedicarte una entrada.
Espero que las consecuencias de ésta pasen por que alcances efímera fama mundial, si los sabios
lectores de este blog de todo el mundo así lo quieren, pero que sea
lo suficientemente prolongada para cumplir el objetivo que debe ser
prioridad para tí, dada la persistente cabezonería de mis hermanas,
y es la de hacerme tito-padrino, como tú lo eres de mi retoño.
Dicho esto, después de
cienes-y-cienes de borradores, miles de millones de líneas escritas
y borradas, seminarios, congresos, meditaciones, experimentos,
encuestas y otras formas de expandir la mente para logar escribir
esta entrada (sin exagerar) que se me resiste, he decidido no
dirigirme a tí, ni relatar a mi forma cualquier experiencia o
historia, en las cuales siempre acabo por bloquearme por complicado
que eres, si no al que debe ser quién reciba "el producto",
si es que ella lee este blog, o se lo recomienda alguien.
Se ofrece para novio, marido y padre
potencial, (en adopción)
Y dicho esto, me dirigiré al "mercado potencial" que debe inspeccionarte.
Estimada lectora.
Después de muchas horas soportando la
persistente soltería de este buen amigo, al cual dirijo esta entrada, buena gente, trabajador y
económicamente independiente, hemos decidido traspasar la propiedad
a una chica con gusto y carácter.
Dicho elemento, es de raza única y original, procedente
de un raro cruce vasco-andaluz (como la película "Ocho
Apellidos Vascos") sólo que al revés por las procedencias de
sus progenitores, elementos irrepetibles, también ellos.
De pelaje castaño-algo-rojizo,
ex-pelirrojo, complexión delgada y resistencia y velocidad (en la
pista de tenis) similar a la de una gacela, en otros ámbitos no
sabemos. Altura aproximada de metro-setenta-y-muchos. Bien educado y
bastante agradecido, aunque con algunos defectos de fábrica,
fácilmente corregibles con un poco de disciplina. Generalmente come
de todo, no protesta, es dócil, pacífico y con buena mano para los
niños. (Profesor de primaria).
Es una mascota con cierto caracter,
dado su signo zodical, Aries, pero buena gente en general.
De gustos clásicos y sencillos, a la
antigua usanza, podrá contar con él para que le abra la puerta y le
acompañará de compras y cargará estoicamente con las bolsas, sin
rechistar ni poner caras raras, sin resoplar como un caballo mirando
el reloj. Generalmente, suele ser paciente.
No fuma ni bebe. Se le debe entrenar en
algunas habilidades aun, (como no abotonarse la camisa hasta arriba)
como decía, de gustos clásicos. Ideal para chicas que precisen un
hobbie o les guste ser entrenadoras. Alguna clase de cocina no le
vendrá mal, pero tiene habilidades nivel básico-medio en los
fogones.
Se le entretiene con facilidad, se le
puede dejar solo en casa sin que muerda los zapatos. Le gusta el
cine, el deporte y conducir, aunque en esto último habrá de darle
una colleja o dos. Aprende rápido.
Hogareño y fiel, son dos de sus rasgos
importantes y característicos.
Reside en su propia "caseta"
en área residencial semi-pija, en un ático-loft con vistas a una
localización emblemática en las cercanías de Barcelona.
Las interesadas deben ser de gustos
clásicos y que busque una mascota para largo tiempo. Esta es una
raza compatible con otras mascotas, tolera perros y gatos.
De edad similar, preferentemente
activa, sociable, que le guste el deporte (no obligatorio pero
recomendable), el cine y, muy importante, ser tratada con respeto y
admiración. Abstenerse maniacas, esquizofrénicas, maltratadoras en
general y masoquistas que les gusten los cabrones.
Se entrega con certificado de
salubridad, no adicción a las redes sociales y vacunas al día.
Para verlo; Facebook, Jesús Arteche.
Contacto; a través de su propio perfil.
Con esto quedamos en paz, Jesus. Pendiente quedará cantar las alabanzas de "la Batala de Matarón", dicho capítulo será en más venturosa ocasión.
martes, 12 de enero de 2016
Logística de un bebé.
No digo que haya que hacer un "top-5" de nada, menos aun de las grandes operaciones logísticas que ha realizado la humanidad, pero si no la hago, esto que estoy escribiendo no tiene sentido.
Como veterano que empiezo a ser, y sabiendo la escrupulosidad de algunas personas por los datos, debo advertir que el rigor de este listado está bastante por debajo de lo que debe ser una publicación seria, de modo, que el que busque datos contrastados, es tan libre de irse como llegó aquí. Casi podría enmarcar dicho texto en el género de "ciencia-ficción", cualquier acierto será clasificado como casualidad.
Manos a la obra:
#5.- Misiones Apollo. Más concretamente la misión Apolo XI, llevada a cabo en Julio de 1969. La NASA entra en esta lista por la delicada operación que llevó a cabo, se dice que con Stanley Kubrick como director, de grabar la llegada a la luna en un paraje de Murcia, entre el Mar Menor y Murcia ciudad, antes de llegar a la localidad de Sucina.
Con la ayuda de un avión B-52 Stratofortress, y aterrizando en la base aerea de San Javier, desde donde también despegan los aviones que pulverizan las "Chemtrails", se movió todo el equipo de cámaras, equipos, decorado, maquinaria para acondiconar el terreno y personal necesario para hacer creer a los rusos que, Estados Unidos, había ganado la carrera espacial al poner en la Luna al primer ser humano. Justo al límite de lo que había prometido el malogrado John F. Kennedy.
#4.- La construcción de la Gran Muralla. La construcción de este pedazo de pared se cuela en el top-4 de este ranking que, de no haber sido contruido por chinos, hubiera estado mucho más arriba en la clasificación.
Realmente tiene mucho mérito el hacer una pared de más de 21.000 km, de largo, con un promedio de 6 - 7 metros de alto y 4 - 5 de ancho. Imagino la de piedras que se debieron mover, la de herramientas que tuvieron que usar y la de árboles que tuvieron que talar pero, como decía, está hecha por chinos, y aunque fue construida entre el Siglo V a.C y el Siglo XVI, pierde mérito porque en china vive mogollón de gente y, con que cada uno pusiera un pedrusco en la muralla, tenían el trabajo hecho de sobras.
Estoy seguro de que el proyecto debió ser muy comentado en su época. ¿Una pared alta para repeler las invasiones de los Mongoles y otras tribus? ¡a eso se apuntaría todo el mundo! ya veo como se tuvo que organizar un sorteo como el que se hacía en la época de "la mili" de excentes de cupo. Si todos los chinos que había durante el recorrido, recordemos que son 21.000km de largo, hubieran puesto una roca en la pared, estaríamos hablando de un rascacielos mega-largo.
#3.- Operación Barbarroja. el "Onkel Adolf" o "tito Adolf", dándole el mismo tratamiento familiar que le damos aquí a nuestro enano mandón, admiraría mucho a Napoleón, pero metió la pata en Rusia de la misma forma que uno de sus ídolos.
A ver, quitando que los ejércitos que invadieron la URSS contaran con casi cuatro millones de soldados, un porrón de tanques, una hartá de piezas de artillería y demás... a todo esa gente había que vestirlos y alimentarlos y, aunque los dejaras a su aire para este fin, arrasando con lo que pillaran por el camino, que ya se encargó el Camarada Stalin que no fuera mucho, sí que necesitaban suministros que debían llegar desde Alemania o los países bajo su dominio, que eran unos cuantos. Aunque fuera un desastre al final, y los pobres soldados de la Wehrmacht y demás se murieran de hambre y frío por falta de logística precisamente, el tamaño del proyecto es suficiente como para entrar en la lista.
#2.- Operación Fortaleza. A la sombra del mismísimo desembarco de Normandía, la operación fortaleza, junto con el mismo desembarco, se cuela en el top-2 por su efectividad, al hacer creer a los alemanes que la invasión del continente europeo sería por el puerto de Calais, a unos 250km del lugar por el que realmente fué.
Sin entrar en muchos más detalles, se desplegó un ejército fantasma, con maquinaria "de pega", como tanques inflables y aviones de madera, que hicieron mantenerse en su sitio a los defensores del muro atlántico y no reforzar, para disgusto de Rommel, la zona real de la invasión.
Y en el número uno, en la cumbre, lo más de lo más, rizando el rizo... la cosa más laboriosa y complicada desde el punto de vista de la logística. Y el que no esté de acuerdo, es porque no lo ha probado.
#1.- Salir de casa con un bebé. Ya imagino ojos como platos, caras de enfado y ordenadores volando por los aires, por haberse tragado todo esto para leer este número 1.
En serio, el que no ha salido de casa con un bebé no sabe de que hablo. Antes de ser padre, era así de sencillo; vestirse, guardarse dos o tres cosas como cartera, gafas, llaves... y salir. El tiempo de espera varía "ligeramente" si además de salir uno mismo debe esperar a una mujer (¡¡¡¡A las trincheras!!!!) pero cuando a esta ecuación le añades el carrito, las toallitas, los recambios, las mudas demás, el agua, la papilla... encuentra la cuchara del "peque" que nunca está donde debe... compruebas la temperatura de la calle, miras al cielo, te aseguras de que la capota, por si llueve, está en el equipaje.
Las cosas se van amontonando en la puerta y, cualquier papá (o mamá) novato/a, se verá sorprendido por el paso inexorable del tiempo, llegando tarde con casi toda seguridad. Si pretendes ir a pie, deberás contar con sherpas que acarreen algunos de los muchos bultos necesarios para poder atender cualquier necesidad.
Solo una vez he salido en transporte público para realizar un viaje, aquí es donde se complica la cosa... permisos especiales para alquilar maquinaria pesada, fletado de aviones y/o barcos, vehículos especiales, caravanas mega-largas... Los exploradores que partían hacia el nuevo mundo lo tenían mucho más fácil, ya que iban sin bebés, ni mujeres, hay que decir. Se ponían la mochila, el sombrero y pa´lante.
Entonces llega la hora de salir de casa y, a todo esto hay que sumarle el factor "suerte", que el niño no vomite justo antes de salir, cosa que hacen a veces, que el pañal no huela sospechosamente cuando estás bajando por el ascensor o la escalera y tengas que volver al cambiador, o que estés abajo y se te haya olvidado cualquier cosa, que es de lo más común.
Como veterano que empiezo a ser, y sabiendo la escrupulosidad de algunas personas por los datos, debo advertir que el rigor de este listado está bastante por debajo de lo que debe ser una publicación seria, de modo, que el que busque datos contrastados, es tan libre de irse como llegó aquí. Casi podría enmarcar dicho texto en el género de "ciencia-ficción", cualquier acierto será clasificado como casualidad.
Manos a la obra:
#5.- Misiones Apollo. Más concretamente la misión Apolo XI, llevada a cabo en Julio de 1969. La NASA entra en esta lista por la delicada operación que llevó a cabo, se dice que con Stanley Kubrick como director, de grabar la llegada a la luna en un paraje de Murcia, entre el Mar Menor y Murcia ciudad, antes de llegar a la localidad de Sucina.
Con la ayuda de un avión B-52 Stratofortress, y aterrizando en la base aerea de San Javier, desde donde también despegan los aviones que pulverizan las "Chemtrails", se movió todo el equipo de cámaras, equipos, decorado, maquinaria para acondiconar el terreno y personal necesario para hacer creer a los rusos que, Estados Unidos, había ganado la carrera espacial al poner en la Luna al primer ser humano. Justo al límite de lo que había prometido el malogrado John F. Kennedy.
#4.- La construcción de la Gran Muralla. La construcción de este pedazo de pared se cuela en el top-4 de este ranking que, de no haber sido contruido por chinos, hubiera estado mucho más arriba en la clasificación.
Realmente tiene mucho mérito el hacer una pared de más de 21.000 km, de largo, con un promedio de 6 - 7 metros de alto y 4 - 5 de ancho. Imagino la de piedras que se debieron mover, la de herramientas que tuvieron que usar y la de árboles que tuvieron que talar pero, como decía, está hecha por chinos, y aunque fue construida entre el Siglo V a.C y el Siglo XVI, pierde mérito porque en china vive mogollón de gente y, con que cada uno pusiera un pedrusco en la muralla, tenían el trabajo hecho de sobras.
Estoy seguro de que el proyecto debió ser muy comentado en su época. ¿Una pared alta para repeler las invasiones de los Mongoles y otras tribus? ¡a eso se apuntaría todo el mundo! ya veo como se tuvo que organizar un sorteo como el que se hacía en la época de "la mili" de excentes de cupo. Si todos los chinos que había durante el recorrido, recordemos que son 21.000km de largo, hubieran puesto una roca en la pared, estaríamos hablando de un rascacielos mega-largo.
#3.- Operación Barbarroja. el "Onkel Adolf" o "tito Adolf", dándole el mismo tratamiento familiar que le damos aquí a nuestro enano mandón, admiraría mucho a Napoleón, pero metió la pata en Rusia de la misma forma que uno de sus ídolos.
A ver, quitando que los ejércitos que invadieron la URSS contaran con casi cuatro millones de soldados, un porrón de tanques, una hartá de piezas de artillería y demás... a todo esa gente había que vestirlos y alimentarlos y, aunque los dejaras a su aire para este fin, arrasando con lo que pillaran por el camino, que ya se encargó el Camarada Stalin que no fuera mucho, sí que necesitaban suministros que debían llegar desde Alemania o los países bajo su dominio, que eran unos cuantos. Aunque fuera un desastre al final, y los pobres soldados de la Wehrmacht y demás se murieran de hambre y frío por falta de logística precisamente, el tamaño del proyecto es suficiente como para entrar en la lista.
#2.- Operación Fortaleza. A la sombra del mismísimo desembarco de Normandía, la operación fortaleza, junto con el mismo desembarco, se cuela en el top-2 por su efectividad, al hacer creer a los alemanes que la invasión del continente europeo sería por el puerto de Calais, a unos 250km del lugar por el que realmente fué.
Sin entrar en muchos más detalles, se desplegó un ejército fantasma, con maquinaria "de pega", como tanques inflables y aviones de madera, que hicieron mantenerse en su sitio a los defensores del muro atlántico y no reforzar, para disgusto de Rommel, la zona real de la invasión.
Y en el número uno, en la cumbre, lo más de lo más, rizando el rizo... la cosa más laboriosa y complicada desde el punto de vista de la logística. Y el que no esté de acuerdo, es porque no lo ha probado.
#1.- Salir de casa con un bebé. Ya imagino ojos como platos, caras de enfado y ordenadores volando por los aires, por haberse tragado todo esto para leer este número 1.
En serio, el que no ha salido de casa con un bebé no sabe de que hablo. Antes de ser padre, era así de sencillo; vestirse, guardarse dos o tres cosas como cartera, gafas, llaves... y salir. El tiempo de espera varía "ligeramente" si además de salir uno mismo debe esperar a una mujer (¡¡¡¡A las trincheras!!!!) pero cuando a esta ecuación le añades el carrito, las toallitas, los recambios, las mudas demás, el agua, la papilla... encuentra la cuchara del "peque" que nunca está donde debe... compruebas la temperatura de la calle, miras al cielo, te aseguras de que la capota, por si llueve, está en el equipaje.
Las cosas se van amontonando en la puerta y, cualquier papá (o mamá) novato/a, se verá sorprendido por el paso inexorable del tiempo, llegando tarde con casi toda seguridad. Si pretendes ir a pie, deberás contar con sherpas que acarreen algunos de los muchos bultos necesarios para poder atender cualquier necesidad.
Solo una vez he salido en transporte público para realizar un viaje, aquí es donde se complica la cosa... permisos especiales para alquilar maquinaria pesada, fletado de aviones y/o barcos, vehículos especiales, caravanas mega-largas... Los exploradores que partían hacia el nuevo mundo lo tenían mucho más fácil, ya que iban sin bebés, ni mujeres, hay que decir. Se ponían la mochila, el sombrero y pa´lante.
Entonces llega la hora de salir de casa y, a todo esto hay que sumarle el factor "suerte", que el niño no vomite justo antes de salir, cosa que hacen a veces, que el pañal no huela sospechosamente cuando estás bajando por el ascensor o la escalera y tengas que volver al cambiador, o que estés abajo y se te haya olvidado cualquier cosa, que es de lo más común.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Denuncia Pública (I) Alta de contrato de luz fraudulenta.
Lo cierto es que, cuando uno se deja pisotear por alguien, parece que "el olor de la sangre" llegue lejos y, los carroñeros, vienen a alimentarse siempre del mismo. He agotado mi paciencia tras un largo año de lucha de modo que, desde ahora y tras mi reciente victoria en este particular, mis batallas quedarán documentadas en el blog, por si la experiencia le pudiera servir a otra persona.
Sé que no es lo "típico" de este blog que, principalmente, se ha orientado a narrar, con mi particular sentido de la realidad, experiencias propias con un cierto sentido-del-humor, o al menos eso intento, pero todo en esta vida debe evolucionar, asi que espero que mis disculpas, a mis lectores, sean aceptadas si algunas de las entradas no son lo que esperan.
Empecemos. Fué uno de los motivos que dieron origen a mi segunda historia más leída: "Mudanza", junto con la malsana atmófera creada por la cementera Lafarge en Montcada i Reixac, Barcelona, con sus quemas de residuos y lodos tóxicos, pero vamos al principio.
La gestoría Arjalaguer, en el mismo Montcada i Reixac, nos había gestionado el alquiler de un piso en la localidad. A finales de un mes de mayo, si no mal recuerdo, con carencia de unos días para pintar y limpiar el piso, de nuestro propio bolsillo, que se encontraba en no muy buen estado de higiene, entramos en la vivienda, que ya tenía luz curiosamente, aunque no estaba dada de alta.
Tras el trámite del agua, sin incidencias, me dispuse a hacer lo mismo con la luz que, para mi sorpresa, fué rechazada por Endesa e inmediatamente me puse en contacto telefónico con la compañía para averiguar los motivos.
Tras la correspondiente alocución que avisaba "que la llamada podría ser grabada", grabación que posteriormente no aparecería por ningún lado, me atendió una operadora de origen latino, seguramente en algún país de sudamérica de los que las empresas se valen para ahorrar costes en personal, instalando allí sus servicios de atención al cliente.
Mi interlocutora fué desagradable desde el principio, cosa que ya no me sorprende en estos casos, y tras unos minutos intentando saber porqué mi alta había sido rechazada, en un alarde de profesionalidad, la buena "señora" me colgó el teléfono, ante la insistencia de mis preguntas difíciles. Volví a llamar pero mis gestiones fueron en vano. Nadie me daba una respuesta pero, dado que había luz en el piso, mis gestiones se fueron demorando ante la espera de las prometidas respuestas, hasta que finalmente el asunto se quedó en "pendientes" y, tras unas cuantas semanas, nos planteamos el cambio de residencia.
Pasó un año hasta que conseguimos mudarnos. Las condiciones de la inmobiliaria para entrar en la nueva casa, en Cornellá de Llobregat, incluían la entrega de un justificante por parte de la Gestoría Arjalaguer, que se encargaba del alquiler del piso en nombre de un particular, justificante en el que constaba que nos íbamos del piso "libres de pagos y cargas" y acreditando nuestro buen comportamiento, por así decir. Cabe destacar, que este documento era imprescindible para poder alquilar nuestra próxima morada.
Iba todo correctamente, la relación con la gestoría que nos había tenido alquilados hasta ese momento era fluída, pero entonces tuvo lugar "el incidente" que dío origen a todo esto.
El alta del contrato de agua me había costado, euro arriba, euro abajo unos 90€. Le dije a Antonio, dueño de la gestoría que, ya que el siguiente le tocaría pagar los gastos de ese contrato si entrase nuevo, que me diera el coste de lo que había pagado yo y sólo hacía un cambio de nombre. En esos momentos no me dijo nada pero, tras unos días, por teléfono, me dijo que no iba a hacer eso, visiblemente molesto, de modo que dí de baja el agua, como ya avisé que haría.
Para finales de mayo del año siguiente entramos al piso de Cornellá y por fín me sentía en casa. Pasaron unas semanas, no recuerdo cuando fué, una mañana me encontré con un pago de "derechos de alta de Endesa" derechos que yo ya había pagado en mi actual residencia, 165€ en total, de modo que supuse que era un error y llamé a la compañía.
Endesa me comunicó que se trataba de los derechos de alta de la casa que acababa de dejar, el piso de Montcada, yo les dije que me había mudado, que ya no vivía allí, pero por mucho que dije, lo único que pude hacer era poner una reclamación y esto hice, además de devolver el recibo por el importe.
Tras un periodo de tiempo, Endesa se volvió a poner en contacto conmigo, alegando que desestimaban la reclamación y que debía abonar el importe. Me puse entonces en contacto con la gestoría que, para mi sorpresa, mostró indiferencia total por el tema, concluyendo el tal Antonio con un "¿Y qué quieres que haga yo?" que me dejó estupefacto. ¿Resolver el error, quizá?
La cosa es que habían alquilado de nuevo el piso y el alta de la luz me la habían cobrado a mí, pero luego se había hecho un cambio de nombre, al dueño actual. Todo esto sabiendo, que durante el tiempo que había estado en ese piso, no había pagado luz por lo que, supongo, que decidieron hacer la jugada a modo de "tú no has pagado luz, ahora pagas el alta, por haber dado de baja el agua". A esto en mi tierra se le llama chantaje.
Lo que no sabía el elemento en cuestión, es que me había enterado de que el piso tenía un impago por parte de la inquilina que vivía en ese piso antes que yo, según me dijeron, que había "pinchado" la luz, motivo por el que el piso tenía suministro y la razón por la que me habían rechazado el alta del contrato. Dicha inquilina, curiosamente, era la limpiadora de la gestoría y, supongo de nuevo, que tenía buenas migas con los dueños de la gestoría. Realmente todo esto son conjeturas por las averiguaciones que yo había hecho en mis llamadas a Endesa y luego até cabos. Realmente da igual.
Pasaron unos meses, muchas llamadas de Endesa en las que comuniqué y reclamé, que yo no vivía allí ni me había dado de alta de nada hasta que, finalmente, puse el tema en manos de una abogada, ya que, en cada llamada, se me criminalizaba y acosaba para que abonara el importe, sin tener en cuenta mis alegaciones. En una de esas reclamaciones, la empleada de un punto de atención de la eléctrica, me dijo de muy malas maneras: "es que esto puede ser una segunda residencia". La presunción de inocencia al carajo desde el primer momento.
Empecé a recibir cartas y llamadas amenazantes por parte de la gestora de cobros de Endesa, notificaciones previas a un proceso judicial, a pesar de que esperaba la respuesta de la reclamación que la abogada había escrito donde se reclamaba copia de los papeles del alta, los documentos aportados y, sobre todo, mi firma estampada en el contrato. Durante muchas semanas, cada pocos días, un empleado de "Abinitio" (gestora de cobros), me recordaba que debía pagar para evitar "males mayores".
Más de un año después, hace pocas semanas, a la hora de la comida, recibí al fin el mensaje que había estado esperando. No había prueba ni documento de que yo hubiera dado alta alguna en el piso donde me reclamaban la deuda. Aleluya.
Lo cierto es que no estoy satisfecho con todo esto. Durante meses he sido acusado, ignorado y se me ha criminalizado, reclamado de mala manera un importe que no me corresponde. Es evidente que la gestoría Arjalaguer, de Montcada i Reixac, dió el alta a mi nombre, vulnerando la Ley de Protección de Datos y suplantando mi identidad, de forma maliciosa creyendo, supongo, que yo no haría nada por el tema del rechazo de Endesa a darme de alta el contrato. Rechazo causado por los problemas acumulados del piso y su gestión. Mis datos los tenian de las gestiones que hicieron para el alquiler, además de los documentos que poseían, ya que me hicieron la declaración de la renta.
De modo que este no es el fin de este asunto. Como comentaba al principio, no hay que dejar que le pisoteen a uno sin consecuencias, por lo que, me toca mover ficha.
Continuará.
Sé que no es lo "típico" de este blog que, principalmente, se ha orientado a narrar, con mi particular sentido de la realidad, experiencias propias con un cierto sentido-del-humor, o al menos eso intento, pero todo en esta vida debe evolucionar, asi que espero que mis disculpas, a mis lectores, sean aceptadas si algunas de las entradas no son lo que esperan.
Empecemos. Fué uno de los motivos que dieron origen a mi segunda historia más leída: "Mudanza", junto con la malsana atmófera creada por la cementera Lafarge en Montcada i Reixac, Barcelona, con sus quemas de residuos y lodos tóxicos, pero vamos al principio.
La gestoría Arjalaguer, en el mismo Montcada i Reixac, nos había gestionado el alquiler de un piso en la localidad. A finales de un mes de mayo, si no mal recuerdo, con carencia de unos días para pintar y limpiar el piso, de nuestro propio bolsillo, que se encontraba en no muy buen estado de higiene, entramos en la vivienda, que ya tenía luz curiosamente, aunque no estaba dada de alta.
Tras el trámite del agua, sin incidencias, me dispuse a hacer lo mismo con la luz que, para mi sorpresa, fué rechazada por Endesa e inmediatamente me puse en contacto telefónico con la compañía para averiguar los motivos.
Tras la correspondiente alocución que avisaba "que la llamada podría ser grabada", grabación que posteriormente no aparecería por ningún lado, me atendió una operadora de origen latino, seguramente en algún país de sudamérica de los que las empresas se valen para ahorrar costes en personal, instalando allí sus servicios de atención al cliente.
Mi interlocutora fué desagradable desde el principio, cosa que ya no me sorprende en estos casos, y tras unos minutos intentando saber porqué mi alta había sido rechazada, en un alarde de profesionalidad, la buena "señora" me colgó el teléfono, ante la insistencia de mis preguntas difíciles. Volví a llamar pero mis gestiones fueron en vano. Nadie me daba una respuesta pero, dado que había luz en el piso, mis gestiones se fueron demorando ante la espera de las prometidas respuestas, hasta que finalmente el asunto se quedó en "pendientes" y, tras unas cuantas semanas, nos planteamos el cambio de residencia.
Pasó un año hasta que conseguimos mudarnos. Las condiciones de la inmobiliaria para entrar en la nueva casa, en Cornellá de Llobregat, incluían la entrega de un justificante por parte de la Gestoría Arjalaguer, que se encargaba del alquiler del piso en nombre de un particular, justificante en el que constaba que nos íbamos del piso "libres de pagos y cargas" y acreditando nuestro buen comportamiento, por así decir. Cabe destacar, que este documento era imprescindible para poder alquilar nuestra próxima morada.
Iba todo correctamente, la relación con la gestoría que nos había tenido alquilados hasta ese momento era fluída, pero entonces tuvo lugar "el incidente" que dío origen a todo esto.
El alta del contrato de agua me había costado, euro arriba, euro abajo unos 90€. Le dije a Antonio, dueño de la gestoría que, ya que el siguiente le tocaría pagar los gastos de ese contrato si entrase nuevo, que me diera el coste de lo que había pagado yo y sólo hacía un cambio de nombre. En esos momentos no me dijo nada pero, tras unos días, por teléfono, me dijo que no iba a hacer eso, visiblemente molesto, de modo que dí de baja el agua, como ya avisé que haría.
Para finales de mayo del año siguiente entramos al piso de Cornellá y por fín me sentía en casa. Pasaron unas semanas, no recuerdo cuando fué, una mañana me encontré con un pago de "derechos de alta de Endesa" derechos que yo ya había pagado en mi actual residencia, 165€ en total, de modo que supuse que era un error y llamé a la compañía.
Endesa me comunicó que se trataba de los derechos de alta de la casa que acababa de dejar, el piso de Montcada, yo les dije que me había mudado, que ya no vivía allí, pero por mucho que dije, lo único que pude hacer era poner una reclamación y esto hice, además de devolver el recibo por el importe.
Tras un periodo de tiempo, Endesa se volvió a poner en contacto conmigo, alegando que desestimaban la reclamación y que debía abonar el importe. Me puse entonces en contacto con la gestoría que, para mi sorpresa, mostró indiferencia total por el tema, concluyendo el tal Antonio con un "¿Y qué quieres que haga yo?" que me dejó estupefacto. ¿Resolver el error, quizá?
La cosa es que habían alquilado de nuevo el piso y el alta de la luz me la habían cobrado a mí, pero luego se había hecho un cambio de nombre, al dueño actual. Todo esto sabiendo, que durante el tiempo que había estado en ese piso, no había pagado luz por lo que, supongo, que decidieron hacer la jugada a modo de "tú no has pagado luz, ahora pagas el alta, por haber dado de baja el agua". A esto en mi tierra se le llama chantaje.
Lo que no sabía el elemento en cuestión, es que me había enterado de que el piso tenía un impago por parte de la inquilina que vivía en ese piso antes que yo, según me dijeron, que había "pinchado" la luz, motivo por el que el piso tenía suministro y la razón por la que me habían rechazado el alta del contrato. Dicha inquilina, curiosamente, era la limpiadora de la gestoría y, supongo de nuevo, que tenía buenas migas con los dueños de la gestoría. Realmente todo esto son conjeturas por las averiguaciones que yo había hecho en mis llamadas a Endesa y luego até cabos. Realmente da igual.
Pasaron unos meses, muchas llamadas de Endesa en las que comuniqué y reclamé, que yo no vivía allí ni me había dado de alta de nada hasta que, finalmente, puse el tema en manos de una abogada, ya que, en cada llamada, se me criminalizaba y acosaba para que abonara el importe, sin tener en cuenta mis alegaciones. En una de esas reclamaciones, la empleada de un punto de atención de la eléctrica, me dijo de muy malas maneras: "es que esto puede ser una segunda residencia". La presunción de inocencia al carajo desde el primer momento.
Empecé a recibir cartas y llamadas amenazantes por parte de la gestora de cobros de Endesa, notificaciones previas a un proceso judicial, a pesar de que esperaba la respuesta de la reclamación que la abogada había escrito donde se reclamaba copia de los papeles del alta, los documentos aportados y, sobre todo, mi firma estampada en el contrato. Durante muchas semanas, cada pocos días, un empleado de "Abinitio" (gestora de cobros), me recordaba que debía pagar para evitar "males mayores".
Más de un año después, hace pocas semanas, a la hora de la comida, recibí al fin el mensaje que había estado esperando. No había prueba ni documento de que yo hubiera dado alta alguna en el piso donde me reclamaban la deuda. Aleluya.
Lo cierto es que no estoy satisfecho con todo esto. Durante meses he sido acusado, ignorado y se me ha criminalizado, reclamado de mala manera un importe que no me corresponde. Es evidente que la gestoría Arjalaguer, de Montcada i Reixac, dió el alta a mi nombre, vulnerando la Ley de Protección de Datos y suplantando mi identidad, de forma maliciosa creyendo, supongo, que yo no haría nada por el tema del rechazo de Endesa a darme de alta el contrato. Rechazo causado por los problemas acumulados del piso y su gestión. Mis datos los tenian de las gestiones que hicieron para el alquiler, además de los documentos que poseían, ya que me hicieron la declaración de la renta.
De modo que este no es el fin de este asunto. Como comentaba al principio, no hay que dejar que le pisoteen a uno sin consecuencias, por lo que, me toca mover ficha.
Continuará.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Secuestrado (I)
Desde luego no lo juraría ante un juez, por lo que pueda pasar, pero sí que puedo justificar mi prologanda ausencia de estas páginas de forma contundente, veréis... No hacía ni una semana que mi pequeño retoño había nacido. Un día que iba a comprar pañales, justo antes de colgar la siguiente historia de este humilde blog cuando, una furgoneta negra paró a mi lado y bajaron unos tipos que me inmobilizaron y golperon, me pusieron una bolsa negra en la cabeza y me metieron en el vehículo violentamente. Luché como un león; patee, mordí, arañé, golpee, pero era varios y yo peleaba a ciegas, al final, el agotamiento me rindió.
Tras unas horas de camino el vehículo se detuvo. Me bajaron a empujones, no podía ver nada, pero olía a tierra mojada, se escuchaba un río y una letanía de gritos y gruñidos barría el lugar. Caminaba por una senda de tierra, un camino lleno de piedras sueltas y algunos baches producidos por camiones pesados, o similares. El suelo estaba embarrado. Tras un centenar de metros, quizá, subí unos escalones de madera, entré en un recinto con tarima de madera y me sentaron bruscamente, una vez que me ataron las manos me quitaron la tela de la cabeza.
Me encontraba en una especie de cabaña rústica, las paredes estaban tapizadas de pizarras, tipo "vileda" con algunos nombres y apellidos. Me custodiaban unos tipos vestidos de verde-militar o de negro, grandes como armarios, que me miraban a cierta distancia de forma amenazante, con los brazos cruzados, uno de ellos masticaba un chicle.
Tras unos minutos en silencio, se escucharon unos pasos fuera, luego unos golpes en la puerta a modo de llamada. Uno de los tipos que me custodiaba abrió la puerta y entró un hombre un poco más mayor que los demás, su mirada reflejaba la severidad y disciplina de un militar de alta graduación, acostumbrado a lidiar con una cadena de mando, cuyo eslabón más alto debía ser él.
Me observó, me rodeó, se paró frete a mí y pasó unos instantes en silencio. Yo le miraba desafiante, a los ojos, esperando que comenzara a explicarme el porqué de la situación.
Aburrido ya de aquello, cuando me encontraba a punto de hablar, él se adelantó. "Bienvenido al nuevo programa, secreto y experimental, de nuestro gobierno", dijo, "la FP de paternidad, que se sumará a los nuevos ciclos de FP de Tareas del Hogar y Banderillero, en un esfuerzo de nuestro gobierno de mandarnos a un pasado mejor. ¡VIVA ESPAÑA!".
¿Cómo? No podía ser, debía estar siendo víctima de una broma. El tipo continuaba hablando, explicándome que en los próximos meses debía superar una serie de pruebas físicas y psicológicas, adquirir una serie de conocimientos mínimos para poder salir de allí. El programa era totalmente experimental, la zona muy aislada y vigilada por elementos armados. Tipos duros de lo más experimentado de nuestras fuerzas armadas.
No se me permitió preguntar, me golpearon y soltaron mis ataduras, me dieron una suerte de petate o bolsa, estilo militar y, a empellones, me sacaron del recinto, haciéndome rodar por el barro mientras el cielo soltaba un diluvio sobre mi.
Tiré el petate contra uno de mis captores y eché a correr, casi a ciegas, derribando algunos de mis guardianes. Por todos lados comenzaron a sonar sirenas, a relucir cegadores focos y a escucharse cientos de voces y ladridos de perro. Me había convertido en la presa de una persecución.
Corría en la noche, por caminos apenas visibles. Las ramas de los arbustos y árboles me arañaban la piel. Cada puñado de metros encontraba un terraplén, un río, un barranco. Las voces y ladridos me cercaban. Los músculos de las piernas me ardían, podía notar el sudor perlando cada centímetro de mi piel y la lluvia colándose por cada rincón, mientras, notaba como se cerraba el círculo a mi alrededor.
Caí una vez más por un pequeño precipicio, rodando como una pelota, rompiendo ramas y amoratándome con cada salto. Tuve suerte de no partirme nada. Al final me detuve junto a un riachuelo. Me tomé unos segundos para orientarme, el corazón me latía como loco y en mis venas corría la adrenalina. Retomé mi carrera, parecía que estaba dejando atrás a mis perseguidores, cuando de pronto, se hizo la oscuridad.
No sé cuanto tiempo estuve inconsciente. Uno de mis perseguidores se había adelantado y me esperó agazapado para golpearme y cortar, de raíz, mi desesperada huida.
Al despertar, encontré otras personas dentro de aquella especie de cabaña o pabellón, vestidos con "monos-de-trabajo" de estilo militar. Se les veía demacrados y cansados. Algunos lloraban y otros se amontonaban junto a una chimenea en el centro de la nave. Nadie hablaba.
Recorrí el lugar e intenté averiguar con algunos de ellos qué era lo que había sucedido, nadie sabía cuanto tiempo llevaba allí, no mucho, pero sí les había dicho que, al día siguiente, comenzaría la instrucción, la más dura que el hombre había conocido. No pude arrancar a nadie más ni una palabra de información, miré por la ventana, blindada por barrotes de hierro, hacia la noche oscura y lluviosa. No podía si no esperar el día.
No había amanecido cuando nos sacaron del camastro. Me dolía todo. Prácticamente dormía sobre madera. Nos hicieron formar sobre el barro, en el exterior. Nuestros vigilantes vestían ropas negras, con chaquetas gruesas y boinas con una insignia en el lateral. Hacía mucho frío. Se escuchaba un río no muy lejos, unos cientos de metros más allá, se adivinaban muros de alambre y torres de vigilancia, parecía que no tardaría en amanecer.
Pasaron lista, el primer apellido nada más. Las miradas de mis compañeros reflejaban la confusión de sus mentes, la misma confusión que me dominaba y aterraba. Se hizo el silencio. Sobre nuestras cabezas graznaron unas aves. Se escuchó un chirrio metálico y una luz cálida surgió de una de las cabañas. El jefé, podría decir, que me había explicado la noche anterior, surgió del recinto caminando pausadamente, de forma estudiada con las manos a la espalda.
Llevaba botas altas y un abrigo negro. Su boina era ligeramente diferente a la de los demás, sus galones lo diferenciaban, su rango. Caminó en silencio hacia nosotros, se paseó entre nuestras filas. De vez en cuando se paraba y miraba a corta distancia, a los ojos, parecía estar pasando revista.
Se dirigió al frente de nosotros, susurró algo al hombre que tenía a su derecha y, con voz autoritaria, éste, gritó: "¡Firmes! ¡Ar!". Todos obedecimos.
Tras unas horas de camino el vehículo se detuvo. Me bajaron a empujones, no podía ver nada, pero olía a tierra mojada, se escuchaba un río y una letanía de gritos y gruñidos barría el lugar. Caminaba por una senda de tierra, un camino lleno de piedras sueltas y algunos baches producidos por camiones pesados, o similares. El suelo estaba embarrado. Tras un centenar de metros, quizá, subí unos escalones de madera, entré en un recinto con tarima de madera y me sentaron bruscamente, una vez que me ataron las manos me quitaron la tela de la cabeza.
Me encontraba en una especie de cabaña rústica, las paredes estaban tapizadas de pizarras, tipo "vileda" con algunos nombres y apellidos. Me custodiaban unos tipos vestidos de verde-militar o de negro, grandes como armarios, que me miraban a cierta distancia de forma amenazante, con los brazos cruzados, uno de ellos masticaba un chicle.
Tras unos minutos en silencio, se escucharon unos pasos fuera, luego unos golpes en la puerta a modo de llamada. Uno de los tipos que me custodiaba abrió la puerta y entró un hombre un poco más mayor que los demás, su mirada reflejaba la severidad y disciplina de un militar de alta graduación, acostumbrado a lidiar con una cadena de mando, cuyo eslabón más alto debía ser él.
Me observó, me rodeó, se paró frete a mí y pasó unos instantes en silencio. Yo le miraba desafiante, a los ojos, esperando que comenzara a explicarme el porqué de la situación.
Aburrido ya de aquello, cuando me encontraba a punto de hablar, él se adelantó. "Bienvenido al nuevo programa, secreto y experimental, de nuestro gobierno", dijo, "la FP de paternidad, que se sumará a los nuevos ciclos de FP de Tareas del Hogar y Banderillero, en un esfuerzo de nuestro gobierno de mandarnos a un pasado mejor. ¡VIVA ESPAÑA!".
¿Cómo? No podía ser, debía estar siendo víctima de una broma. El tipo continuaba hablando, explicándome que en los próximos meses debía superar una serie de pruebas físicas y psicológicas, adquirir una serie de conocimientos mínimos para poder salir de allí. El programa era totalmente experimental, la zona muy aislada y vigilada por elementos armados. Tipos duros de lo más experimentado de nuestras fuerzas armadas.
No se me permitió preguntar, me golpearon y soltaron mis ataduras, me dieron una suerte de petate o bolsa, estilo militar y, a empellones, me sacaron del recinto, haciéndome rodar por el barro mientras el cielo soltaba un diluvio sobre mi.
Tiré el petate contra uno de mis captores y eché a correr, casi a ciegas, derribando algunos de mis guardianes. Por todos lados comenzaron a sonar sirenas, a relucir cegadores focos y a escucharse cientos de voces y ladridos de perro. Me había convertido en la presa de una persecución.
Corría en la noche, por caminos apenas visibles. Las ramas de los arbustos y árboles me arañaban la piel. Cada puñado de metros encontraba un terraplén, un río, un barranco. Las voces y ladridos me cercaban. Los músculos de las piernas me ardían, podía notar el sudor perlando cada centímetro de mi piel y la lluvia colándose por cada rincón, mientras, notaba como se cerraba el círculo a mi alrededor.
Caí una vez más por un pequeño precipicio, rodando como una pelota, rompiendo ramas y amoratándome con cada salto. Tuve suerte de no partirme nada. Al final me detuve junto a un riachuelo. Me tomé unos segundos para orientarme, el corazón me latía como loco y en mis venas corría la adrenalina. Retomé mi carrera, parecía que estaba dejando atrás a mis perseguidores, cuando de pronto, se hizo la oscuridad.
No sé cuanto tiempo estuve inconsciente. Uno de mis perseguidores se había adelantado y me esperó agazapado para golpearme y cortar, de raíz, mi desesperada huida.
Al despertar, encontré otras personas dentro de aquella especie de cabaña o pabellón, vestidos con "monos-de-trabajo" de estilo militar. Se les veía demacrados y cansados. Algunos lloraban y otros se amontonaban junto a una chimenea en el centro de la nave. Nadie hablaba.
Recorrí el lugar e intenté averiguar con algunos de ellos qué era lo que había sucedido, nadie sabía cuanto tiempo llevaba allí, no mucho, pero sí les había dicho que, al día siguiente, comenzaría la instrucción, la más dura que el hombre había conocido. No pude arrancar a nadie más ni una palabra de información, miré por la ventana, blindada por barrotes de hierro, hacia la noche oscura y lluviosa. No podía si no esperar el día.
No había amanecido cuando nos sacaron del camastro. Me dolía todo. Prácticamente dormía sobre madera. Nos hicieron formar sobre el barro, en el exterior. Nuestros vigilantes vestían ropas negras, con chaquetas gruesas y boinas con una insignia en el lateral. Hacía mucho frío. Se escuchaba un río no muy lejos, unos cientos de metros más allá, se adivinaban muros de alambre y torres de vigilancia, parecía que no tardaría en amanecer.
Pasaron lista, el primer apellido nada más. Las miradas de mis compañeros reflejaban la confusión de sus mentes, la misma confusión que me dominaba y aterraba. Se hizo el silencio. Sobre nuestras cabezas graznaron unas aves. Se escuchó un chirrio metálico y una luz cálida surgió de una de las cabañas. El jefé, podría decir, que me había explicado la noche anterior, surgió del recinto caminando pausadamente, de forma estudiada con las manos a la espalda.
Llevaba botas altas y un abrigo negro. Su boina era ligeramente diferente a la de los demás, sus galones lo diferenciaban, su rango. Caminó en silencio hacia nosotros, se paseó entre nuestras filas. De vez en cuando se paraba y miraba a corta distancia, a los ojos, parecía estar pasando revista.
Se dirigió al frente de nosotros, susurró algo al hombre que tenía a su derecha y, con voz autoritaria, éste, gritó: "¡Firmes! ¡Ar!". Todos obedecimos.
martes, 6 de enero de 2015
Emprendedor español, busca.
Por lo que se ve, cuando un hombre, llamémosle futuro padre, convive con una mujer embarazada, que suele ser a su vez su pareja, se produce en él cambios hormonales, como un aumento de la Prolactina y el Estradiol, así como un descenso en la Testosterona que les nos hace ser menos agresivos y estar mejor predispuestos para el cuidado de un pequeño ser humano.
Partiendo de esta información, venía preguntándome, desde hacía bastante tiempo, si este aumento de la Prolactina y el Estradiol, y el consiguiente descenso de la Testosterona, produciría algún otro comportamiento en mí, relacionado con el llamado "instinto paterno". La respuesta se ha hecho esperar, pero hoy, tras una leve meditación, me doy cuenta de que sí, que lleva ya bastantes semanas produciendo un comportamiento un tanto compulsivo en mi rutina.
Desde hace un tiempo, vengo desarrollando un proyecto de empresa basado en el cuidado de personas mayores, entre otros que, a día de hoy, es una importante oportunidad de negocio debido al envejecimiento de la población mundial, aún por explotar. Se sabe que en los próximos quince años este mercado crecerá a un ritmo incesante y pienso, que las empresas que se establezcan e innoven hoy, serán las que se lleven una parte importante de este mercado. Dicha idea de empresa, la tenía un poco aparcada, siempre presente pero "esperando-al-momento-apropiado", pero desde hace semanas, vuelvo a sentir el ansia por sacarla adelante, la necesidad de llevarla acabo sin importar las dificultades que se puedan interponer en mi camino.
Este proyecto de empresa, cuyas lineas maestras no voy a desvelar aquí por motivos evidentes, han demostrado su viabilidad, por un periodo de tres años, en un pueblo de la costa murciana, cuya Concejalía de Servicios Sociales me llegó a ofrecer hacerme cargo de los servicios sociales de la localidad, posibilidad que rechacé por el nivel de morosidad de los ayuntamientos por aquel entonces y por la falta de ayudas económicas que se vienen produciendo desde el estallido de laestafa global. Crisis económica.
Partiendo de esta información, venía preguntándome, desde hacía bastante tiempo, si este aumento de la Prolactina y el Estradiol, y el consiguiente descenso de la Testosterona, produciría algún otro comportamiento en mí, relacionado con el llamado "instinto paterno". La respuesta se ha hecho esperar, pero hoy, tras una leve meditación, me doy cuenta de que sí, que lleva ya bastantes semanas produciendo un comportamiento un tanto compulsivo en mi rutina.
Desde hace un tiempo, vengo desarrollando un proyecto de empresa basado en el cuidado de personas mayores, entre otros que, a día de hoy, es una importante oportunidad de negocio debido al envejecimiento de la población mundial, aún por explotar. Se sabe que en los próximos quince años este mercado crecerá a un ritmo incesante y pienso, que las empresas que se establezcan e innoven hoy, serán las que se lleven una parte importante de este mercado. Dicha idea de empresa, la tenía un poco aparcada, siempre presente pero "esperando-al-momento-apropiado", pero desde hace semanas, vuelvo a sentir el ansia por sacarla adelante, la necesidad de llevarla acabo sin importar las dificultades que se puedan interponer en mi camino.
Este proyecto de empresa, cuyas lineas maestras no voy a desvelar aquí por motivos evidentes, han demostrado su viabilidad, por un periodo de tres años, en un pueblo de la costa murciana, cuya Concejalía de Servicios Sociales me llegó a ofrecer hacerme cargo de los servicios sociales de la localidad, posibilidad que rechacé por el nivel de morosidad de los ayuntamientos por aquel entonces y por la falta de ayudas económicas que se vienen produciendo desde el estallido de la
¿A que viene este post, alejado totalmente del estilo del blog? Pues bien, viene motivado por las estadísticas internacionales del blog, especialmente de Alemania, (cuarto país en visitas) donde la necesidad de personal sanitario y cuidado de personas mayores, va en aumento rápidamente y donde me gustaría residir desde hace bastante tiempo. Viene a ser una llamada a emprendedores con titulación sanitaria a ponerse en contacto conmigo, fin que llevo persiguiendo desde hace bastante, sin mucho éxito, para que se incorporen al proyecto y faciliten el desembarco de la idea en Alemania.
Difícil, lo sé, pero no imposible. Igual valoraría cualquier otro lugar donde el proyecto pueda salir adelante. País donde la legislación sea benévola a la hora de crear empresas, no como en este, nuestro amado país, 142 en el ranking (de 189 países) que ofrecen facilidades para montar un negocio.
¿Qué busco? En definitiva, una "mano derecha", un emprendedor (que no un empleado). Alguien invencible en empeño y con inquebrantable voluntad de éxito, que no se desanime ante las dificultades o, en su defecto, un inversor que haga posible que la idea salga adelante. Mirando el mapa de Alemania, un lugar como Köln, sería ideal. Una ciudad mediana-grande, con un apropiado transporte urbano y más de un-millón-de-habitantes. Esto se puede extrapolar a cualquier lugar donde un posible emprendedor vea posibilidades.
Para resolución de inquietudes y dudas, vale la pena ponerse en contacto conmigo.
viernes, 26 de diciembre de 2014
A SS.MM. Los Reyes Magos de Oriente.
Queridos Reyes Magos:
Hace mucho, pero que mucho tiempo que no os escribo pero, como a partir del año que viene seré "el portavoz" de mi peque, Nizar, (apuntadlo bien), he querido retomar con SSMM de Oriente la correspondencia.
Este año, como bien sabréis, he sido muy buena gente. Empecé el año, quizá, un poco torcido, al coaccionar, y presionar, a mi círculo de amistades y familiares con la convocatoria de los premios "20 Blogs", concurso que se reeditará a partir del próximo mes de febrero. Un año más, os pediré que entonces no me prestéis mucha atención, porque vista la calma con la que se lo toman mis fans más próximos, me veo presionando de nuevo, regalando jamones y contactando con "el Pequeño Nicolás" para que interceda en mi nombre ante sus majestades en dicho concurso. Lo cierto es que no ha sido un año productivo en demasía a causa de los rigores y responsabilidades que he "padecido" este año dos-mil-catorce.
Ya desde los primeros meses del año, notaba como mis bien amados progenitores se interesaban por mis intenciones de replicación genética ya que, consideraron, casi al unísono y sin ponerse de acuerdo, pero con continua insistencia, que era el momento perfecto para que les hiciera abuelos, dado que mis hermanas no tienen la más mínima intención de elevar su status-familiaris un escalón más, por lo que comencé a conjeturar sobre un posible resultado, con las Leyes de Mendel en la mano.
Sin duda alguna este año, que se va ya por el desagüe, no por la puerta, ni por la ventana. no; Por el desagüe, que si por algo se ha distinguido, es por el tufillo corrupto que deja. Ha sido un año de cambios. Antes de mi mudanza de centro de trabajo, me desesperaba y exasperaba con la torpeza de algunos elementos al enfrentarse, a altas horas de la madrugada por lo general, a una cosa tan sencilla como un cajón, normal y corriente. Un cajón de los de toda la vida, de los de dos direcciones dos: Hacia delante y hacia atrás. Pues bien, algunos clientes se quedaban parcialmente petrificados ante tan elemental instrumento, dejándome a mí perplejo y anonadado, expresando ¡Tiene Cajones la Cosa!
Lo cierto es que este año, ha sido de máximo aprovechamiento del la cuenta de Twitter (@ojos_del_gato) para promicionar mis escritos. Por medio de este canal, me llegó una pregunta de un seguidor, preguntándome sobre el proceso por el cual ideaba y redactaba una entrada y así lo conté en "Making Off".
Poco antes de mi cambio de centro de trabajo, en las noches en las que ya se empezaba a intuir el calor del verano, recordaba algunas de las más tontas ocurrencias, ya que no se les puede llamar de otra forma, fruto del aburrimiento, en la entrada "Imaginación" que, a pesar de que a mi siempre me pareció bastante floja, recibí algunos halagos inesperados mientras se cumplía, o no, la promesa de darme el ansiado traslado al turno de día, cambio que no se produjo finalmente en esos momentos, pero que inspiró otro relato, "Desvampirización" que fue incluso enlazado por el blog "Mundo de Vampiros"
Tras mucho trabajo de búsquedas particulares y resistencia a ciertos elementos del espectro comercial, llamadas agencias inmobiliarias, esos parásitos, no me quedó más remedio que pasar por el "anillo de fuego" para poder cambiar de residencia y completar, una vez más para el historial, una nueva "Mudanza (II)", uno de los "greatest Hits" de este blog, en parte por la lectura masiva por parte de, sospecho, varios comerciales-chupa-sangre, trabajadores de estos centros de codicia.
Finalmente, las presiones de mis progenitores en cuanto a la cosa de ser abuelos, junto con el reloj biológico de la "Señora Ojos del Gato", más bien esto último, nos llevó a cumplir con el "Hat-Trick" para ser un hombre completo (plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo) que no ha hecho más que comenzar a revolucionar mi entretenida vida. Así llegaron "Curso Para Padres I" y "Curso Para Padres II. Anatomía de una premamá" que promete convertirse en la "saga-principal-del-blog". Próximos estrenos en breve.
Circunstancias familiares, en plenas vacaciones estivales (en noviembre) me obligaron a viajar a Marruecos, por segunda vez donde, en plan Indiana Jones, viví una nueva aventura como cuando fui un superheroe durante el dos-mil-trece, pero esta vez en el "continente negro", esta se llamó "Bitácora de Viaje: Marruecos"
Terminado el resumen para Sus Majestades, quería hacer mi petición:
Como he sido taaaaan bueno, para el año que viene quiero mucha inspiración para escribir el doble que este, que mis seguidores arrasen con todos los demás en los Premios 20Blogs (ya avisaré y me invitaré a algo si ganamos) y el fin de la "crisis" para todos.
¡Feliz 2015!
Hace mucho, pero que mucho tiempo que no os escribo pero, como a partir del año que viene seré "el portavoz" de mi peque, Nizar, (apuntadlo bien), he querido retomar con SSMM de Oriente la correspondencia.
Este año, como bien sabréis, he sido muy buena gente. Empecé el año, quizá, un poco torcido, al coaccionar, y presionar, a mi círculo de amistades y familiares con la convocatoria de los premios "20 Blogs", concurso que se reeditará a partir del próximo mes de febrero. Un año más, os pediré que entonces no me prestéis mucha atención, porque vista la calma con la que se lo toman mis fans más próximos, me veo presionando de nuevo, regalando jamones y contactando con "el Pequeño Nicolás" para que interceda en mi nombre ante sus majestades en dicho concurso. Lo cierto es que no ha sido un año productivo en demasía a causa de los rigores y responsabilidades que he "padecido" este año dos-mil-catorce.
Ya desde los primeros meses del año, notaba como mis bien amados progenitores se interesaban por mis intenciones de replicación genética ya que, consideraron, casi al unísono y sin ponerse de acuerdo, pero con continua insistencia, que era el momento perfecto para que les hiciera abuelos, dado que mis hermanas no tienen la más mínima intención de elevar su status-familiaris un escalón más, por lo que comencé a conjeturar sobre un posible resultado, con las Leyes de Mendel en la mano.
Sin duda alguna este año, que se va ya por el desagüe, no por la puerta, ni por la ventana. no; Por el desagüe, que si por algo se ha distinguido, es por el tufillo corrupto que deja. Ha sido un año de cambios. Antes de mi mudanza de centro de trabajo, me desesperaba y exasperaba con la torpeza de algunos elementos al enfrentarse, a altas horas de la madrugada por lo general, a una cosa tan sencilla como un cajón, normal y corriente. Un cajón de los de toda la vida, de los de dos direcciones dos: Hacia delante y hacia atrás. Pues bien, algunos clientes se quedaban parcialmente petrificados ante tan elemental instrumento, dejándome a mí perplejo y anonadado, expresando ¡Tiene Cajones la Cosa!
Lo cierto es que este año, ha sido de máximo aprovechamiento del la cuenta de Twitter (@ojos_del_gato) para promicionar mis escritos. Por medio de este canal, me llegó una pregunta de un seguidor, preguntándome sobre el proceso por el cual ideaba y redactaba una entrada y así lo conté en "Making Off".
Poco antes de mi cambio de centro de trabajo, en las noches en las que ya se empezaba a intuir el calor del verano, recordaba algunas de las más tontas ocurrencias, ya que no se les puede llamar de otra forma, fruto del aburrimiento, en la entrada "Imaginación" que, a pesar de que a mi siempre me pareció bastante floja, recibí algunos halagos inesperados mientras se cumplía, o no, la promesa de darme el ansiado traslado al turno de día, cambio que no se produjo finalmente en esos momentos, pero que inspiró otro relato, "Desvampirización" que fue incluso enlazado por el blog "Mundo de Vampiros"
Tras mucho trabajo de búsquedas particulares y resistencia a ciertos elementos del espectro comercial, llamadas agencias inmobiliarias, esos parásitos, no me quedó más remedio que pasar por el "anillo de fuego" para poder cambiar de residencia y completar, una vez más para el historial, una nueva "Mudanza (II)", uno de los "greatest Hits" de este blog, en parte por la lectura masiva por parte de, sospecho, varios comerciales-chupa-sangre, trabajadores de estos centros de codicia.
Finalmente, las presiones de mis progenitores en cuanto a la cosa de ser abuelos, junto con el reloj biológico de la "Señora Ojos del Gato", más bien esto último, nos llevó a cumplir con el "Hat-Trick" para ser un hombre completo (plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo) que no ha hecho más que comenzar a revolucionar mi entretenida vida. Así llegaron "Curso Para Padres I" y "Curso Para Padres II. Anatomía de una premamá" que promete convertirse en la "saga-principal-del-blog". Próximos estrenos en breve.
Circunstancias familiares, en plenas vacaciones estivales (en noviembre) me obligaron a viajar a Marruecos, por segunda vez donde, en plan Indiana Jones, viví una nueva aventura como cuando fui un superheroe durante el dos-mil-trece, pero esta vez en el "continente negro", esta se llamó "Bitácora de Viaje: Marruecos"
Terminado el resumen para Sus Majestades, quería hacer mi petición:
Como he sido taaaaan bueno, para el año que viene quiero mucha inspiración para escribir el doble que este, que mis seguidores arrasen con todos los demás en los Premios 20Blogs (ya avisaré y me invitaré a algo si ganamos) y el fin de la "crisis" para todos.
¡Feliz 2015!
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